
Acaba de lanzar “Bi”, su último trabajo discográfico, que estará presentando en Rosario este viernes. Una charla con el artista que llegó desde Alaska para conquistar los oídos de los argentinos.
Es sabido que, para bien o para mal, nuestros orígenes nos marcarán para el resto de nuestras vidas. Y el caso de Kevin Johansen no es la excepción. Pero por si nos quedaba alguna duda, él mismo se encargó de hacerlo saber en su último disco, “Bi”, ilustrado en la tapa nada más y nada menos que con una fotografía doble de su padre y su madre.
“Mi pasión por la música es culpa de la responsabilidad de mis padres, sobre todo mi madre, que siempre fue una persona muy melómana, consumidora de música. Era una mujer que guitarreaba, cantaba. Mi padre también, tenía linda voz. Y ambos eran musicales de algún modo. El baile es como la forma más primal de interpretar música, porque el cuerpo es nuestro primer instrumento. Y de ahí, ya con 11 años, un tío mío me regaló mi primera guitarra y arranqué”, explica Kevin con su voz grave, seductora. Sentado frente a una mesa, con mate en mano, las palabras se suceden con un tono musical y cálido, algo muy alejado del frío de su Alaska natal.
— Contame un poco de tu nuevo disco…
— “Bi” salió después de “Logo” y había muchos despojos, mucho material dando vueltas de canciones, que estaban ahí y parecía que salía un disco doble: uno más folclórico, con una mirada a Uruguay y Brasil desde Argentina, con folklore nuestro. Y otro más rockero, popero, hasta pachanguero te diría. Mi hermana Karina me mostró un retrato de nuestros padres, y yo ya estaba jugando un poquito con el título de un disco doble, me gustaba Bi, lo que disparaba, porque todo el mundo entra como un caballo y va a bisexual. Entonces, dije ¿por qué no? Abracemos eso también. Somos todos hijos de un padre y una madre, de algún modo somos todos mitad mujer y mitad hombre, más allá después de tu elección sexual en la adultez. Y me pareció que era algo divertido, que iba a llamar la atención, y que también había elementos en mi vida históricamente, que tenían que ver con Bi, con ser bicultural, bilingüe, soy de Géminis, encima (se ríe), así que había muchos elementos de Bi para compartir con la gente.
— Antes de “Bi” venías realizando una serie de shows junto a Liniers, ¿cómo fue esa experiencia?
— Él me escuchó en un programa de Fernando Peña, hace muchos años, en 2002. Me escribió un mail, me dijo hago dibujitos, muy humilde. Yo ya lo tenía visto de su tira en Página 12. Y ahora es un gran amigo de pegar onda, de asados, de reírnos de las mismas cosas, de compartir, de tener una afinidad estética y artística, más allá que tenemos disciplinas diferentes. Empezó haciendo un afiche para un teatro grande, él tiró la idea de dibujar un mural en un recital. Y de a poco surgió la idea de hacer el vivo en Buenos Aires con él. Fue muy bueno para nosotros también tener un elemento visual. Porque yo siempre digo que la música es invisible e intangible, no se ve, entonces tener un elemento visual en el escenario gracias a Liniers, nos enriqueció mucho también.
Entre el norte y el sur
Hijo de madre argentina y padre estadounidense, Kevin nació y vivió su primera infancia en Fairbanks, Alaska, pero a los 12 años se instaló en Buenos Aires.
“Soy fruto del amor entre una argentina y un norteamericano, y mi infancia fue entre Alaska, brevemente Colorado, Arizona, y más que nada San Francisco, que viví desde los 6 hasta los 12 años. Después me vine a Argentina. Mi madre se había casado en segundas nupcias con un mexicano, y se divorció de él, volvió a Argentina, con dos hijos, conmigo y con mi hermana, que en ese momento tenía 7 años y ahí empezó mi adolescencia argentina, donde me convertí en un Argenteenager hecho y derecho (se ríe), y aquí estamos. A los 20 y pico hice una experiencia viviendo afuera, en Nueva York, casi 10 años”, cuenta Kevin mirando un poco hacia su pasado.
— ¿Y cómo fue la experiencia de grande en Estados Unidos?
— Fue bueno para ver cuánto del norte soy, cuánto me hallo. También fui a la otra punta, a Nueva York, y es muy diferente a San Francisco, California, tiene otra energía. En un punto fue bueno porque tiene una energía mucho más parecida a Buenos Aires, es una ciudad que tiene mucha influencia de Europa, y a la vez está en un país pero es otra cosa. Porque Nueva York está en Estados Unidos, pero es otra cosa, muy diferente. Y me sentí muy cómodo, es una ciudad que se camina mucho, que se anda y aprende mucho, simplemente observando y caminando por la calle, interactuando con la gente. Fueron años también de aprendizaje para mí en lo musical, fueron años de fogueo. Fue una experiencia muy buena, y cuando volví, volví con el disco “The Nada” bajo el brazo.
— Este año va a haber elecciones en Estados Unidos. Si vivieras ahí, ¿a quién crees que votarías?
— Creo que a Obama porque creería que tiene buenas intenciones, votaría por él probablemente porque la contra es tremenda y bastante más impresentable. Y a su vez es muy delicado porque uno siente que tiene las manos atadas y que está muy presionado por muchos poderes y por muchos intereses, así que no se cuanta cintura ni cuanta posibilidad tiene para poder hacer quizás lo que quisiera hacer. Lamentablemente creo que la política está muy mal manipulada y mañatada por intereses económicos en todas partes, así que lo votaría pero como allá ya no es obligatorio votar, capaz no lo votaría (se ríe). Depende, si fuera muy necesario para que no gane el otro, capaz lo pensaría y por ahí lo voto.
Antes y después, siempre música
A pesar de haber pasado por diferentes trabajos y profesiones, Kevin Johansen siempre tuvo la misma pasión: el canto y la guitarra.
“Hice de todo por fuera de la música. Enseñé inglés, castellano, trabajé en un hotel haciendo desayunos, de barman, de mozo. Trabajé en las Naciones Unidas, de traductor, de intérprete, de guía turístico, fui DJ de noches de salsa cubana, trabajé en una milonga de tangos en Nueva York que era genial porque venían chinos, negros e hindúes, y latinos. Tuve muchos laburos paralelos a estar fogueándome con la música. Y eso me enriqueció mucho la vida”, detalla.
— ¿Y a quién admirás?
— A Charly García, Les Luthiers, Serrat-Sabina, Bob Dylan, David Bowie, Caetano Veloso, los grandes maestros de la generación anterior. Y músicos increíbles y que nos influyen. Lo que yo llamo influencias ineludibles, no te podés escapar de un James Brown o un Barry White, aunque no escuches todos sus discos, sabés perfectamente quienes son por el tono de voz o por algo de la impronta musical o tímbrica que imponen. Así que las influencias son mil, pero trato de no imitar a mis ídolos. Tomar de ellos elementos que te enriquezcan pero tratar de lograr una voz tuya, propia.
— ¿Cómo te definís como artista?
— A veces he dicho que soy un des-generado porque no me encasillo en un solo género. Pero creo que soy un simple cancionista popular. Yo digo a veces que soy paulatinamente popular, porque por ahí no es una cosa mediática, comercialona, sino que es algo que me gusta que sea profunda y que vaya de a poco, y que sea más como sugerido. Yo trato con mis canciones de susurrarte, venga para acá, escuche si quiere, pero no es un palazo en la cabeza que te obliga, pero sí es una invitación. Creo que soy un invitador a compartir mi música con los demás.
El show de Kevin Johansen junto a The Nada en Rosario será la inauguración de la gira nacional. Este viernes 3 de agosto a las 21.30 en Auditorio Fundación (Mitre 754). Anticipadas en boletería del teatro.
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Escrito por Ayelén Iñigo

