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Después del día de los dos actos, de los dos gritos, de las
dos Argentinas, llegó el día D para las retenciones móviles en el Senado
Nacional.
En lo que se espera sea una larga sesión, los integrantes de la Cámara Alta definirán si
aprueban o no el proyecto tal como llegó desde la Cámara de Diputados o si
rechazan la iniciativa impulsada por el oficialismo.
Que 100 mil personas de un lado, que 225 mil del otro. Dos
actos simultáneos del Gobierno (en el Congreso) y del campo (en Palermo)
volvieron a mostrar un país dividido, enfrentado. Con odios y rencores, de un
lado y del otro. Con la rabia visceral de un Boca-River, los dos sectores están
midiendo a ver quién la tiene más larga, sin medir consecuencias y llevando al
país a un abismo de proporciones desconocidas.
Este miércoles los senadores de la Nación deberán inclinar la
balanza, para un lado o para el otro. Claro que nada será igual. Si el gobierno
triunfa como se espera (aunque sería con escaso margen) habrá ganado, con más
esfuerzo de lo previsto, la más difícil de sus batallas desde el comienzo de la
era K en 2003. Pero deberá aprender la lección. Ya no podrá soslayar en el
futuro al campo, o a cualquier otro sector que se oponga a alguna medida,
apelando a la magnitud de la voluntad popular que eligió a Cristina con más del
45 por ciento de los votos en octubre porque la imagen de la presidenta se derrumbó
a pedazos. Néstor deberá trabajar como albañil para reconstruir la imagen de su
mujer.
Por su parte, el campo deberá aceptar la decisión del
Congreso Nacional. Mal que les pese a los productores, si la ley sale tal como
está, deberán pasar el trago amargo, tragarse la bronca, y reclamar ante la Justicia si creen que la
medida es confiscatoria como argumentan. Pero no habrá espacio para cortes de
ruta ni lock out patronal. Nada de eso nunca, más. Las instituciones funcionaron,
se escuchó su reclamo y los representantes del pueblo habrán decidido.
Si la oposición logra imponerse en la votación, que se prevé
para la medianoche, ahí ya habrá que barajar y dar de nuevo. El gobierno no sólo
se verá resentido, ya que no podrá insistir en Diputados con la iniciativa
oficial porque necesitaría dos tercios de la composición (claramente imposible
luego del resultado de la sesión de la Cámara
Baja hace dos semanas), sino debilitado luego de haber
intentado por más de cuatro meses forzar una medida, resistida como nunca por
el campo, que puso al gobierno en un callejón sin salida.
¿Qué pasará ante ese escenario? Esperemos que el matrimonio
presidencial sepa digerir rápidamente la derrota (Néstor aseguró que aceptará la decisión del Congreso) y tenga la suficiente autocrítica
como para enderezar el rumbo y ver qué alternativas consensuar (si por favor,
consensuar de una buena vez) para evitar que el precio de los alimentos se dispare
y haya una distribución más equitativa de la riqueza.
Estas son horas cruciales para el futuro. Senadores, el país
está en sus manos.

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