Miércoles - 19 Junio 2013
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Eduardo Van der Kooy: “Soy un rosarino por adopción”

 


Lleva 36 años escribiendo en Clarí­n. No usa Facebook ni Twitter. Fanático de Newell’s, el escudo leproso se destaca en el escritorio de su casa. Allí­ recibió a ViaRosario para charlar sobre sus sueños y su amor por la ciudad. Como buen analista polí­tico, también dio su opinión sobre temas nacionales.

 

Eduardo Van der Kooy tendrí­a que haber nacido en Rosario. Una circunstancia laboral de su padre hizo que fuera porteño ya que su primer trabajo lo obtuvo en el Ministerio de Guerra y, junto a su mujer, se mudaron a la Capital. Allí­ lo tuvieron a Eduardo y construyeron sus vidas lejos de la ciudad natal. Sin embargo, regresaban cada vez que podí­an. El periodista lo recuerda:

 

-Por algo me queda ese ví­nculo tan fuerte. Volví­amos siempre: para las vacaciones, para las Pascuas. Feriado que habí­a, í­bamos. Rosario siempre un recuerdo de alegrí­a. De pasarla bien, de ser recibido, agasajado.

 

-Hoy, ¿qué lugares visitás cuando estás en la ciudad?

-¡Mañas tengo bastante! Voy mucho a la parrillita de Alvear y 9 de Julio, que me queda a una cuadra. A Davis llego caminando por el Boulevard. Frecuento Pasaporte, un bolichí­n muy lindo. También voy a El Cairo, por supuesto. Y cuando tengo muchas ganas de andar en auto, me llego a La Cangreja, de Granadero Baigorria. Hace poco fui a visitar el Museo de la Memoria, que está muy bien hecho.

 

-¡Sos todo un rosarino!

-Creo que hay muchos rosarinos que se aporteñan. Debe haber pocos porteños que se rosarinizan. Bueno, mi caso es ese. 

 

-Contanos sobre tu decisión de ser periodista ¿A qué se debe tu vocación?

-No hay explicación racional. No tení­a familiares periodistas. Lo curioso es que nunca quise estudiar otra cosa.

 

-¿Te gustaba leer? ¿En tu casa habí­a biblioteca?

-Sí­, por supuesto. Y estaba el diario, que antes era una cosa religiosa. El de la mañana y el vespertino, generalmente la sexta, que mi padre traí­a cuando llegaba a casa. Leer era un pasatiempo. Fuera de jugar al fútbol en la calle, no tení­amos tantas cosas más.

 

-¿Añorás esa época?

-(Piensa)”¦ A ver”¦ En algunos aspectos, sí­. Cuando veo el ví­nculo del menor de mis hijos con la realidad, donde la vida pasa por ese aparato (señala la computadora), a veces la añoro.

 

Al egresar como periodista en el Instituto Grafotécnico publicó sus primeras notas en Producción Rural, una revista agropecuaria que, en ese entonces, era la competencia de Chacra. En el año ”™72 se sumó al diario Mayorí­a y a la agencia Télam. Allí­ permaneció hasta que el golpe de Estado de 1976 cambió drásticamente el panorama:

 

-Cuando vino el golpe, vinieron varios golpes. Cerró Mayorí­a y me echaron de Télam. En ese momento estaba en el Cronista Comercial. También la historia termina de manera abrupta: a varios nos despidieron. Luego, en octubre del ”˜76, comencé a colaborar en Clarí­n y en marzo del año siguiente quedé efectivo como redactor.

 

-“Malvinas, la trama secreta”, lo escribiste en el año ”™83 junto a Oscar Cardoso y Ricardo Kirschbaum. El libro se alzó con premios internacionales, y vos tení­as apenas 32 años”¦

-Bueno, no era un chico”¦ Pero hay que recordar algo: fuimos una generación de periodistas jóvenes, en una coyuntura muy especial, desgraciada en muchos sentidos, porque el gremio periodí­stico sufrió mucho las desapariciones y los exilios. Y se generaron espacios naturales. A los 27, 28 años, tuve un cargo en Clarí­n por ese vací­o que dio la dictadura.

 

-¿Qué pensás cuando el sector polí­tico que enarbola la bandera de la época que referí­s, te pone en la vereda de enfrente?

-La verdad es que no comparto en lo más mí­nimo esta idea maniquea entre el bien y el mal. Creo que se ha hecho una manipulación de esa etapa durante todos estos años, que en lo personal no me agrada. Es profundamente arbitraria, fracturista, no integradora. Sé, porque he tenido muchos amigos que han estado en el exilio, que es un desarraigo muy duro. Ahora bien, haber vivido los años de la dictadura aquí­, y trabajar en periodismo, no fue agradable. No se la pasaba nada bien. Pareciera que, de la construcción de esta nueva versión que se hizo, los héroes fueron los muertos o los que se fueron al exilio. Conozco mucha gente que se fue al exilio porque quiso, no obligada. Si tení­an posibilidades y las ganas de irse, me parece muy bien. Pero tampoco victimicemos eso.

 

-Hoy estás en el diario, en radio y en televisión ¿Con qué actividad te sentí­s más cómodo?

- Escribiendo. Es lo que más disfruto. Nací­ en periodismo escrito. Después, el tiempo me fue empujando a otras especialidades, inevitables. Me resistí­ mucho. Y me hubiese gustado – y lo pienso en Rosario – un lindo programa de radio. No todos los dí­as, sino algún programa nocturno de comentarios, entrevistas, charlas.

 

-¿Lo harí­as en Rosario?

-Lo pienso como proyecto, y cuando imagino el lugar geográfico, me gustarí­a hacerlo en Rosario. Uno nunca sabe cuándo es la última parte de la vida, pero me imagino pasándola allí­. Estoy tratando de darle a la ciudad un lugar cotidiano más frecuente. Me cuesta, porque tengo un armado acá, en Buenos Aires.

Hay una frase que Van der Kooy repetirá en la entrevista, cuando indagamos porqué quiere tanto a la ciudad de sus padres: “Yo a Rosario la he vivido con alegrí­a toda mi vida”, insiste. La  disfruta, considera que es una ciudad más vivible, de una dimensión humana, le “gusta genuinamente”. Y además, la he visto cambiar:

 

-Recuerdo la Rosario de mi infancia: era un pueblo gris. Además, la gente viví­a para adentro. Lo máximo que hací­a era sacar la silla a la puerta de su casa. El espacio público era inexistente. Hoy Rosario vive hacia afuera, porque cambió el perfil urbano, cambió la cultura, la ciudad se desarrolló. Es otra cosa. Hoy el rí­o es un lugar abierto.

 

-Es una ciudad que ha sido planificada, también”¦

-No importa el gobierno, porque esto es anterior al socialismo, se hizo un criterio de continuidad en el perfil urbano. La ciudad dio un vuelco.

 

-Como periodista y observador de la realidad, ¿pensás que esto es posible a nivel nacional? Planificar el paí­s, ¿es una utopí­a?

-Si me tengo que guiar por lo que vivimos, a mí­ me suena a utopí­a. Si remarcamos tanto este fenómeno de Rosario es porque es excepcional. No me imagino el “cómo” se construyen tres, cuatro, lí­neas de polí­ticas de Estado permanentes porque, además, no existe el concepto: para la presidente de la Nación, polí­tica de Estado es que ella toma una decisión y los demás la acompañan. Esto lo dijo con lo de YPF. Lo hizo con el tema de Malvinas el dí­a que no anunció nada. Polí­tica de Estado es aquella que se “construye con”, y no aquella de “vengan y apláudanme”.

 

-Pasemos de la polí­tica al deporte. Contanos tu historia de amor con Newell’s ”¦

-Mi padre me hizo hincha en Buenos Aires, y en el peor momento de la historia del club, cuando estaba en la B. Me llevaba todos los sábados a cuanta canchita por los suburbios habí­a.

 

Como su departamento está ubicado a un par de cuadras del Parque Independencia, no tiene más que cruzarlo para ir a la cancha cada vez que está en la ciudad. Su pasión por Newell’s lo ha llevado a escribir – junto a otro leproso notable, Rafael Bielsa – un libro de relatos que recrean su ví­nculo con el club. Varias veces le han propuesto ser dirigente, pero Eduardo tiene otros planes:

 

-No forma parte de mis proyectos de vida. Colaboro en todo lo que puedo. Pero como dirigente, no.

 

Otra de las actividades que ligan a Eduardo a la ciudad es la reconocida revista Rosario Express que lleva adelante, desde hace siete años, junto al periodista Oscar Bertone. Además de su sueño por hacer un ciclo radial en un futuro, este año tiene proyectado editar un trabajo fotográfico:

 

-Hice un gran relevamiento de las cúpulas de la ciudad, las tengo fotografiadas y quiero editar un poster. Cuando entro a los locales para turistas, veo que lo que se vende de Rosario es siempre lo mismo. Y hay una riqueza arquitectónica bárbara, difí­cil de apreciar porque es una ciudad encerrada, de calles angostas. Hay que andar mirando para arriba para descubrir las cosas. La fotografí­a no es mi fuerte, y hay dificultades porque no da la perspectiva. El Minetti, por ejemplo, me cuesta sacarlo, tenés que irte a otra calle y se cruzan los cables. Me ayuda mi mujer, que entiende mucho más que yo de esto.

 

-¿Vendrí­a a ser tu hobby?

 

-Son esas cosas que me divierten en Rosario.

 

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