Martes - 21 Mayo 2013
Facebook icon Twitter icon Google+ icon YouTube icon RSS icon

Esteban Goicoechea: “Como sociedad, deberí­amos funcionar por la energí­a del amor”

 

Actor y director de teatro. Lo suyo también es la escritura. Su premiada obra, El miedo, se repone este año en el teatro La Manzana. Consciente de que la unión hace la fuerza, conforma el grupo Pata de Musa y es socio fundador de la Asociación Civil Teatro en Rosario. 

 

Esteban Goicoechea vivió en Pergamino hasta que, a los 18 años, se mudó a Rosario para estudiar teatro. Sus hermanos le marcaron el rumbo: llegaron antes, también como estudiantes, y para sus padres era más económico tener a sus hijos en una sola ciudad. De esos tiempos recuerda un “muy lindo comienzo” junto a Cristian Marchesi, su primer maestro, en el Centro de la Juventud. En seguida le encantó Rosario, sus grupos de teatro, y ya no se imaginó viviendo en otro lado.

 

-          ¿Cómo fue tu formación teatral?

-          Me formé de manera muy aleatoria y particular. Estudié con Gustavo Guirado, docente, director y dramaturgo. Después, en Buenos Aires, tomé clases de dramaturgia con Mauricio Kartun y talleres con Ricardo Bartis. Pero sobre todo, me formé trabajando: actuando, dirigiendo y escribiendo. Aprendí­ mucho en los procesos.

-          ¿Cuál fue tu recorrido en el teatro?

-          Primero fui actor, luego me largué a escribir mis propias obras y ahora dirijo.

-          ¿De qué se trata la pieza “El miedo”?

-          - Son dos personajes atrincherados en un cuartito de herramientas de una casa. Están en un pueblo bastante particular y tienen mucho miedo. La obra intenta llevar al extremo la situación del miedo, la sensación que produce. Qué somos capaces de hacer ante un estado así­, tan particular, donde descubrimos una parte nuestra nueva.

-          ¿Por qué escribiste sobre el miedo? ¿Estabas pasando por algún momento en especial?

-          No. Eran dos personajes que tení­a en la cabeza, desde “Blut!”, mi primera obra. Me habí­a costado bastante escribir sobre esa pareja, cómo se relacionaban, cómo se hablaban. Tuve ganas de seguir con ellos, pero no sabí­a qué hacer. Un dí­a veo un dibujito animado que estaba asustado todo el tiempo, y ahí­ se me ocurrió: “¿Y si estos personajes tienen mucho miedo?” Hice una improvisación sobre la escritura, jugué con algunas escenas y se fue redondeando. Recién después empecé a asociar mis miedos y recordé los mitos populares de Pergamino, donde viví­a de chico, que nunca se sabí­an si eran ciertos o no.

Decidirse a escribir sobre esa temática, cuenta Esteban, lo llevó a investigar sobre los miedos, y sobre lo que el ser humano es capaz hacer, accionado por ese estado tan particular:

-           Ya sea por la Iglesia, por el régimen militar o por la escuela, somos una sociedad que funciona por el miedo, en lugar de estar accionados por una energí­a positiva, que podrí­a ser el amor. Hacemos muchas cosas, o dejamos de hacer, por miedo.

-          Volviendo a tu triple actividad en lo artí­stico, ¿cuál priorizas?

-          Son muy distintas, disfruto las tres. Me gusta el vértigo de la actuación, ser más inconsciente, y que la estructura la resuelva el director. Me permite otro tipo de juego. La escritura también me divierte, me encuentro solo escribiendo situaciones impensadas. En realidad, la forma de construcción de las tres actividades es la misma: empezar algo y ver adonde deriva. Sin saber cómo va a terminar. Me van sorprendiendo los mismos personajes “¿Yo escribí­ eso?”, a veces me pregunto”¦  Eso sí­, no puedo actuar cuando dirijo. Sí­ puedo escribir y actuar, o escribir y dirigir.

-          ¿Cómo denominás el teatro que hacés? ¿Off, under?

-          En Rosario es difí­cil denominarlo porque no hay teatro comercial. Suelo decir que es un teatro de cámara. Un teatro pequeño donde se logra cierta intimidad con el espectador y se prioriza una sensibilidad mayor.

-          ¿Tenés otra actividad paralela?

-          Sí­. De la cual vivo. Trabajo en diseño gráfico. Dirijo actores en spots publicitarios o escribo el guión de los mismos. 

-          ¿Es difí­cil profesionalizar tu vocación por lo artí­stico en una ciudad como Rosario?

-          Sí­. Es difí­cil. Lo que hacemos es profesional, el tema es que no lo cobramos. Hay gente que lo complementa dando clases o con variantes más rentables: el café concert, el bar, o temporada para niños. Pero es muy difí­cil vivir del teatro en Rosario.

A raí­z de esta problemática, Esteban y varios de sus colegas fundaron, hace dos años, “Teatro en Rosario”, una asociación civil que nuclea a los grupos de teatro de la ciudad. “Son muchas las acciones proyectadas”, resume Goicoechea, “algunas a largo y otras a corto plazo”. La idea es tratar de mejorar las condiciones de producción y de honorarios. Consciente de que el teatro rosarino ha perdido popularidad, sabe que lo primero que hay que hacer es interesar al público:

-          Para eso, tenemos que ofrecer propuestas que sean “redondas” en cuanto a actuación y dirección. En cuanto al gobierno, implementar una polí­tica, que no la hay.

-          ¿Qué tendrí­a que contemplarse desde el ámbito estatal?

-          Una polí­tica que difunda el teatro rosarino. Que tengamos un espacio destinado. Hoy, las salas tienen condiciones precarias. Está el Teatro La Comedia, pero es muy grande, no es un teatro de cámara como estamos acostumbrados. Además, al Comedia no lo ofrecen para hacer temporadas, solo para funciones especiales.

-          ¿Tienen apoyo en la difusión?

-          La difusión es a través de la Asociación Civil Teatro En Rosario (www.teatroenrosario.com ) Nos gustarí­a que sea una página que se conozca masivamente. También nos hacen notas en las radios”¦ Pero básicamente funciona el boca a boca. No solo en Rosario pasa esto. El teatro de Buenos Aires que está por fuera de la televisión, llega solo a la comunidad teatral. Cuando viene una obra porteña, vamos los que hacemos teatro en Rosario.

-          ¿Qué perfil de público ve tus obras? ¿Los intelectuales rosarinos?

-          Hay un público que es el de siempre, formado por los que estudian teatro y por allegados a ellos. Mis obras no pretenden ser para intelectuales. Sí­ tienen distintas capas, donde se pueden ir encontrando diferentes lecturas. A veces pasa – con amigos que no irí­an nunca al teatro, pero van a una función porque te conocen o conocen a otro actor – que ven la obra y dicen “¡che!, ¡está bueno esto!” (Risas). Hay una fama rara en torno al teatro rosarino”¦ o habrá sido el mismo teatro el que, en un momento, se volvió cerrado y crí­ptico y se alejó del público.

-          Igual, me referí­a a que hoy se consume cultura desde la comodidad de las casas. El hecho de trasladarse para ir a ver un espectáculo performático, ese “ir al encuentro de algo que lo reconforte”, acaso haya quedado en el terreno del público culto”¦

-          El tipo de teatro que hacemos requiere un espectador un poco más atento, con ganas de completar la obra. No le damos todo cocinado y servido. Es para esa gente que encuentra placer en lecturas más diferentes de los estí­mulos que recibe.

-          ¿Cuál es tu sueño con respecto al teatro?

-          Que siempre haya público para las obras. Por suerte estoy conforme con eso, pero me gustarí­a compartirlas con más gente.

{youtube}B2aZTrFF7ks{/youtube}

 


X
Nombre de usuario o correo electrónico
Sensible a mayúsculas y minúsculas
Image CAPTCHA
Ingresa aquí el texto
Loading