
En Cosquín 2002 se consagró como revelación. Lleva diez años haciendo música con los mejores artistas del país. Mercedes Sosa lo invitó a su última gira por Europa. Realiza conciertos por el mundo y tiene siete discos editados. Este año lanza dos más, uno de folklore y otro de tango.
Franco tiene treinta años y es un hincha de Central fanático, tanto, que el primer tema que compuso fue “El canaya”, una canción a puro folklore dedicada al Negro Fontanarrosa, a quien conoció poco tiempo antes de su partida.
Instalado hace ya ocho años en Buenos Aires, en el encuentro con ViaRosario contó porqué tomó la decisión de mudarse:
— No fue de un día para el otro, ni una decisión de ir a la aventura. La historia que me trajo a Buenos Aires empieza a partir de que fui revelación de Cosquín. Es un premio muy importante, pero tampoco es que luego te esperan dos empresarios japoneses con un contrato. Lo que siguió fue todo un trabajo de aprovechar esa puerta tan grande que se abría.
— ¿Te costó dejar Rosario?
— La verdad es que no me costó. Yo soy un orgulloso rosarino. Amo mi ciudad. Pero me gusta mucho también Buenos Aires. Y de hecho, estoy convencido que son idiosincrasias por parecidas, ¡por suerte, con sus diferencias! Rosario es también muy rockera, tanguera, es una ciudad de cafetines y bares. Las dos son ciudades portuarias, donde no se ven las montañas...
— Y hoy viajás por todo el mundo…
— He hecho muchas giras. En cuatro años fui nueve veces a Europa, dos veces a Canadá, otra a EEUU, a China, Perú, Brasil, etc.… Con distintas formaciones. Lo que ocurre es que yo tuve una entrada gloriosa: participé en la última gira de Mercedes Sosa, un año antes de su fallecimiento. Fui como su invitado. Imaginate lo que fue para mí. Estar tocando con Mercedes en Roma, Milán, Londres.
— ¿Cómo era tu trato con ella?
— Era increíble encontrármela en el lobby del hotel y que me preguntara – ella sabía que era mi primer viaje a Europa – si había ido a conocer la Fontana di Trevi. Yo le decía que sí, y ella me contestaba “¡Ay, qué hermoso que la hayas conocido, ahora me cuesta mucho ir!”… Hay un disco post mortem, que se llama “Deja la vida volar”, que registra cuando ella me presenta al público como “su conciudadano y querido artista”. Cada vez que lo escucho entro un poco más en conciencia… En ese momento sabía que era importante, pero bueno, estaba en la cancha jugando. Al terminar el concierto, nos decía a sus músicos “¡qué hermosura, muchas gracias!”
Franco cursó la primaria a una cuadra de su casa, en la Leandro N. Alem. La secundaria la hizo en el Nacional Nro. 1. En lo que a formación musical respecta, desde los cuatro años tocaba una imitación del bombo legüero, y a los nueve empezó estudios de batería y percusión en la Escuela Municipal de Rosario, “bajo la guía de mi primer maestro, Maenza”. Ya iniciado el camino, se pasó a la Escuela Provincial de Música y finalmente estudió en la Siberia. Queda claro que es un músico con sólida formación académica. Y su inclinación artística fue estimulada por sus padres, siempre atentos a la vocación del hijo. No fue raro para su familia, cuenta Franco, que él saliera músico. Su abuelo materno fue director de la banda militar de la ciudad de Santa Fe, y su abuelo paterno, uno de los gestores de la Asociación Rosarina de Artistas Líricos. Así los recuerda:
— La banda militar es una cosa muy linda: cómo funciona, con los músicos caminando y leyendo sus pequeñas partituras. Mi abuelo paterno era semi profesional. No se dedicó a esto. Pero traían vestuarios del Colón, hacían puestas tremendas y él, especialista en ópera italiana, era el tenor principal. Cuando se presentaban en el Círculo la gente les tiraba pétalos de rosa sobre el escenario.
— ¿Tenés más artistas en la familia?
— Mi viejo es un melómano. El mejor regalo que le puedo hacer es un disco. Mi tío, baterista y percusionista y sus hijos, – o sea, mis primos hermanos, franceses– uno es cantante de jazz y el otro, baterista de hip hop. Mi hermano Leandro está en la banda Fluido. La música está presente en toda mi familia, mucho más que el deporte. Aunque yo jugué al básquet, en mi querido Rosario Central.
— ¿Cómo fue tu encuentro con la armónica?
— Mi encuentro fue casi…. (piensa) sorpresivo. Soy autodidacta a medias: a mí nadie me dijo cómo se agarra la armónica. Yo estudiaba instrumentos netamente rítmicos y mi viejo, una vez, me sugirió: “vos tenés facilidad para un instrumento melódico”. Mi primera reacción ante su afirmación, fue decir: “¡pero yo estudio percusión!” Sin embargo, lo escuché, y – de una manera podríamos decir que clandestina – de la biblioteca también empecé a sacar material de instrumentos que se leen igual que la armónica en clave de sol, por ejemplo, violín, clarinete, flauta traverso…Y lentamente me animé a ofrecerme para tocar la armónica, con cierto recelo pero posteriormente con mucho éxito, en los grupos folklóricos o de rock donde yo ya tocaba percusión.
— ¿Cuándo te decidiste por ese instrumento?
— A mí, modestia aparte, me iba bien con la percusión. Pero cuando tocaba la armónica todo el mundo me felicitaba. Hoy lo mío es el folklore y el tango. En el 2001 armé mi primer grupo donde fui solista de armónica. A menos de un año de eso, cuando fui revelación de Cosquín 2002, lo tomé como un quiebre. Mi instrumento fue, a partir de allí, la armónica. No lo hubiese imaginado. Menos, que iba a vivir de tocar ese instrumento.
— Sos convocado siempre por otros músicos ¡Has tocado con los mejores!
— No quiero dejar de nombrar a nadie. Pero he tocado en vivo, o grabado, con muchos: Pedro Aznar, Luis Salinas, León Gieco, Jairo, Baglietto, Vitale, Divididos, Teresa Parodi, María Volonté, Guillermo Fernández, Tarragó Ross, Fito Páez (en una fiesta de Cultura Canalla). Ya tengo 7 discos, compartidos y como solista. Pero en realidad, si cuento las mis participaciones en otros discos, hay más de 70.
— Contanos de tu próximo proyecto.
— Alude a la música argentina ¿Folklore o tango? Yo siempre digo: las dos cosas. Entonces, decidí sacar los dos discos a la vez. Pero será un disco doble: no habrá obligación de comprar los dos. Y si bien soy intérprete, de a poquito voy componiendo. Vivo música las 24 horas del día. La música es maravillosa, la armónica es mi manera de traducirla.
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