Graciela Sacco: "Hacer obras es un modo de conectarme con el mundo"

Por Redacción Viarosario


Esta talentosa artista plástica rosarina señala la Bienal de San Pablo de 1996 como el hito que la catapultó al escenario internacional. Hoy es la gran referente del paí­s en arte contemporáneo. Viaja permanentemente y es reconocida a nivel mundial. Como centro de energí­a elige su taller en Rosario.

La agenda de Graciela Sacco para el 2012 ya acumula importantes exposiciones y la posibilidad de que, gracias a la retrospectiva que presenta Fundación YPF, gente de todo el paí­s pueda acercarse a su obra. En marzo llegará a Neuquén, después a Mar del Plata y Córdoba.  En Buenos Aires continuará presentando “Tensión Admisible”, una muestra especialmente  producida para el Parque de la Memoria. También participará de la semana del arte de Lima, Perú, y expondrá en sitios diversos como Bordeaux y Nueva York.

Graciela es Licenciada en Artes Visuales por la Universidad Nacional de Rosario, y durante diez años fue docente en la facultad de Bellas Artes. Su pasión la acompaña desde que era una nena. Iba al colegio Misericordia y recuerda que “el aire fresco de esos años” eran las clases de la artista y profesora Beatriz Vettori.

 

-          Alguna vez te he escuchado contar que de chica jugabas a pintarte el cuerpo.

-          Siempre. Me dibujaba las piernas completas y ni bien llegaba a mi casa me las mandaban a lavar, porque era mugre. Hoy, cuando veo alguien con un tatuaje, hago una asociación inmediata, pienso que no se lo puede sacar, ¡y me da una asfixia! Yo me cambiaba el diseño todos los dí­as.

-          En la actualidad, la crí­tica te tiene catalogada como la artista argentina de mayor renombre internacional”¦ ¿vos cómo lo percibí­s?

-          La verdad es que no lo percibo. Cuando voy a algún lugar a dar una charla y veo que está lleno de gente que viene a escucharme, soy la primera sorprendida. En Colombia, la primera vez que fui me pusieron en la charla de apertura. Estaba lleno. Empecé a hablar, al terminar se harí­an las preguntas. Terminé y vinieron con un alto así­ de papelitos ¡Conocí­an la obra! Y eran estudiantes de Cartagena, de Guayaquil, etc. Impresionante. Me preguntaban de obras especí­ficas, problemas conceptuales. Hubo que cortar porque habí­amos ocupado más tiempo del que correspondí­a.

-          ¿Qué suceso te posiciona afuera? ¿Venecia?

-          No, fue San Pablo, en el año ”˜96. Venecia fue en el 2001. Fue a partir de la posibilidad de exponer mi obra en una vidriera internacional, como eran las bienales entonces. Hoy creo que se puede discutir el tópico “bienales”, han proliferado tanto, en cualquier lugar hay una bienal de algo, es como que perdió la efervescencia, la virulencia que tení­an antes, cuando todos las esperábamos como termómetro de qué se decí­a en el arte contemporáneo. A mí­ me tocó uno de esos momentos y mi obra tuvo mucho interés en San Pablo. Fue fuerte.

-          ¿Cuál trabajo presentaste en San Pablo que tanto llamó la atención del público y la crí­tica?

-           Trabajé con la memoria de los objetos y de las imágenes. Hice el encuentro entre una manifestación impresa por heliografí­a sobre maderas encontradas en la calle. En realidad, la obra surge a partir de una entrevista a Einstein. Le preguntaron con qué se iba a pelear en la tercera guerra mundial. Y Einstein contestó: “No sé en la tercera. Sí­ sé en la cuarta: con piedras y palos”. Me encantó. Estas maderas son la memoria de la subsistencia  de la humanidad, con las que la gente se sigue defendiendo.  

-          ¿Cómo definí­s tu obra?

-          Mis obras están muy imbuidas en un contexto social. Algunos hablan de arte polí­tico como categorí­a del arte. No lo entiendo. Hay arte o no hay arte. Hay arte comprometido con el tiempo que le toca vivir a uno, o no. Generalmente mis obras, si bien tienen una conciencia social, son cosas que yo he visto y por las cuales me he preguntado. Hacer obras es un modo de conectarme con el mundo, de no perderme en una pregunta sin respuesta.

Las mismas preguntas que ella se plantea, asegura, son las que se hace la mayorí­a de las personas.  “Te vas dando cuenta de que no sos tan única ni tan especial”, reflexiona. Sin embargo, su genialidad radica en que logra la sí­ntesis creativa de eso que nos preocupa a todos.

-          Siempre me pasa. Hay algo fuerte que decanta. Me pasa a mí­ y les pasa a muchos artistas. Uno se conecta a un nivel paralelo de alguna trama invisible que está pasando y de repente tocás el hilo, lo bajás y lo materializás.

Sacco ejemplifica el concepto contando que, justo cuando estalló la burbuja inmobiliaria a nivel mundial, ella estaba exponiendo una obra que no era otra cosa que una jaula, con una burbuja en su interior, donde estaban impresos el valor de los metros cuadrados de distintas partes del mundo.

Al preguntarle sobre los distintos momentos de su obra, Graciela prefiere no catalogarla desde lo temporal. Por lo contrario, afirma que no la ubica dentro de periodos especí­ficos:

 

-          Cambio de acuerdo al mandato de la pulsión. Por eso no tengo pasado y presente con las obras. Lo que pasa es que no hay tiempo para hacerlo todo junto. Hacer un video lleva tiempo y espacio. Porque haga algo en un momento, no quiere decir que lo que estaba haciendo antes me dejó de interesar. A veces lo retomo tal cual como lo dejé, o le doy otra vuelta, pero muchas ideas maestras están siempre presentes. Las obsesiones siempre son las mismas. Los lí­mites, las fronteras, la injusticia.

 

La artista utiliza procesos fotosensibles y lumí­nicos para plasmar lo que tiene en mente. Se trata de técnicas relacionadas con la luz y con la gráfica. En respuesta a porqué y cómo elije determinada técnica, deja en claro que no hay una decisión premeditada de cuál abordar:

-          La técnica no es inocente. Te viene a la mano de acuerdo a lo que vos quieras materializar. No digo “voy a hacer una pintura””¦ Sino que tengo una idea y se establece un punto de encuentro ¿Cómo se establece ese punto de encuentro entre la idea y la estética que la materializa? No lo sé, para mí­ eso sigue siendo todaví­a una cosa de orden bastante mágico, que es lo que más me gusta que me seduzca. No me resisto, sigo eso que ocurre.

-          ¿La intención es innovar usando la tecnologí­a?

-          No, nunca me planteé innovar. Lo que planteo es: “¿cómo hago esto que tengo en la cabeza?” Y si algo no me alcanza me pregunto por dónde busco. Entonces, esto no es una foto, esto no es una pintura, esto no es una escultura, ¿esto qué es? Recuerdo cuando le “picaba la cabeza” a Fernando Farina (*crí­tico de arte, ex secretario de Cultura de Rosario) por un salón sin disciplinas. Finalmente él lo dispuso y fue uno de los primeros salones sin disciplinas. Pero yo tení­a mi parte de interés: ¡era porque no entraba en ninguno!, y las instancias de salones sirven para conseguir dinero cuando todaví­a no te conoce nadie, sino se hace difí­cil.

-          Llegó un momento en que todo esto que contás necesitaste pasarlo a libro.

-          En el año ”™89 me dediqué a la investigación y tuve una de las primeras becas del Conicet que se dieron en arte.  Podí­a renovarla, no me presenté porque decidí­ seguir con la producción artí­stica. Pero el bagaje de información histórica, la investigación, me interesa mucho. En mis libros me gusta hacer participar a gente, abrir un diálogo. En el último se cuestiona si el metro cuadrado existe o no, hasta dónde esa convención rige, o no, la vida de uno.

-          Hace unos años fuiste invitada a vivir una experiencia en Londres, a una casa con artistas al estilo Gran Hermano. Sin cámaras de televisión, pero  la gente podí­a verlos a través de la ventana”¦

-          Sí­, ¡fue algo de ese orden! Y encima redoblé la apuesta: en ese momento estaba fascinada con las cámaras oscuras, que son el principio mecánico de la fotografí­a, pero hechas a escala grande. Siempre me gustaron las experiencias fí­sicas de la imagen. Recuerdo que viajé a Brighton para ver una, luego me entrevisté con alguien que investigaba estas cosas. Estaba totalmente copada. Me fabriqué una cámara oscura en todo mi cuarto y me acuerdo que viví­ así­ durante una semana ¡Era enloquecedor! (Se rí­e) Porque la imagen salí­a invertida, la cama estaba en el cielo y los autos pasaban por arriba de la cabeza. Era el mundo del revés, y además, oscuro. Fue un shock muy interesante.

-          Pudiendo vivir en cualquier lugar del mundo, ¿por qué volvés a Rosario?

-          Tiene que ver con la energí­a de mi estudio. El taller tiene algo que hasta ahora no encontré en ningún lugar del planeta. Aunque puedo trabajar en cualquier lugar. No me veo en Rosario por siempre. Afortunadamente las personas no somos plantas y nos podemos mover de acuerdo a la decisión de pensarse a uno mismo. No me cuesta pensarme en otro lado.

-          De hecho, viajás por todas partes del mundo y pasás muchos meses afuera.

-          Sí­, a veces más, a veces menos.

-          ¿Qué imagen te representa a Rosario?

-          La postal rosarina claramente es el rio.

-          ¿Necesitas verlo, tenerlo cerca?

-          Cuando estoy en Rosario, lo que necesito es estar en contacto con mi taller. Y más de una vez,  cuando se corta la luz o hace tanto calor, digo “porqué no estará en otro lado el taller” (Risas). Mi taller me da la energí­a que más necesito.

 

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