Es profesora y ama la docencia. Crea y expone sus cuadros en la “casa taller” que tiene en Funes. Su interés por las distintas mitologías y lo antropológico atraviesa gran parte de su obra. Diálogo con una artista plástica, cálida y talentosa, formada en “la Vigil” de fines de los ”™70.
Cuando le preguntamos por su obra actual, Jole Ferraro nos comenta que está inmersa en una etapa diferente debido a sus propios cambios internos, y que esa transformación incide sobre los cuadros, atravesados ahora por el uso del color y de la mancha. La mancha, dice, tiene que ver con romper estructuras, salirse de ellas y explorar otros campos.
Vivió desde siempre en Rosario, hasta que siete años atrás se fue a Funes, “buscando tranquilidad, paz y naturaleza”. En la casa también armó el taller. Allí disfruta dando clases a sus alumnos:
- Me llevo bien con la docencia. Aprendo de los chicos, que son creativos naturales, espontáneos. Es un feedback. Todos, internamente, tenemos la capacidad de crear. Todos tendríamos que tomar un lápiz y animarnos a dibujar. Es terapéutico. Pienso que nacemos con esa condición de expresarnos. Es innato en el hombre.
- ¿Cómo es un día tuyo, Jole?
- Me organizo con mi hijo de seis años y alterno las tareas de madre, docente y artista plástica.
- ¿Pintás todos los días?
- Sí, yo necesito pintar. Si estoy una semana sin hacerlo, me altero. La pintura para mí, aparte de un modo de vida, es una necesidad. Es algo más fuerte. Es lo que sé hacer, y el mundo del color siempre me atrapó. Me inicié en ese camino y no podría hacer otra cosa.
- ¿Desde chica?
- Mi contacto con el arte es desde siempre. A los diez años, mi mamá me mandaba a un taller de pintura en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Ya sabía que esa era mi vocación, y al terminar la secundaria tenía bien en claro que quería seguir Bellas Artes. Por suerte mis padres me apoyaron totalmente y me bancaron la carrera, que es cara.
- ¿Cuáles maestros te marcaron?
- Varios. Olga Vitábile, Julián Uzandizaga, Eduardo Seron. Una que me marcó mucho fue Mele Bruniard.
- ¿Con qué técnicas te llevas mejor?
- Me llevo bien con el acrílico. Pero en realidad, uso todo. Desde pintar con los crayones o témperas de mi hijo, hasta mezclar materiales. No soy prejuiciosa con este tema.
- ¿A la hora de vender la obra, lo hacés vos o lo has tercerizado en manos de algún marchand?
- Yo soy mi marchand.
- ¿Se debe a malas experiencias?
- No, para nada. No es fácil vender la obra de uno, pero tengo una veta comercial que viene de mi familia.
- ¿Por qué no es fácil?
- No es mercadería. Es una obra única. Y lo que vendés es parte tuya. Es un hijo”¦ Tiene tu alma. A veces cuesta desprenderse. Pero bueno, aprendo todos los días”¦ Ahora también estoy en un local de diseño de muebles contemporáneos, sobre calle Santa Fe. Ahí se pueden ver varios cuadros”¦ Fui criticada por esto de comercializar mi obra.
- ¿Criticada por quién?
- Desde los prejuicios. Ojo que también en el campo del arte hay mucha envidia. Si a uno le va bien, entonces dicen que la obra “es comercial”.
- Bueno, eso pasa en la literatura, también”¦
- Así es. Pero tengo muchos admiradores, gente que me sigue, tengo obra vendida en el extranjero. Siempre yo sola, tocando puertas y mostrando mis carpetas.
Los prejuiciosos que desdeñan el circuito comercial, seguramente aplaudan el recorrido tradicional que también ha realizado esta creativa rosarina: a lo largo de su carrera, participó en muestras individuales y colectivas. Su obra se expuso en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, en el Castagnino y en el Museo Julio Marc. Ha montado exposiciones en localidades tan disímiles como Funes – donde reside actualmente – San Antonio de Areco, Villa Constitución y Punta del Este. Sus cuadros son requeridos por coleccionistas particulares del país y también de Estados Unidos, Italia y Uruguay. Si no hubiera nacido artista, asegura Jole, sería antropóloga. Le apasiona lo mitológico, se ha especializado sobre el tema durante muchos años, y gran parte de su obra se nutre de sus numerosas lecturas.
- ¿Cuál mitología te atrapa más?
- Los griegos me encantan, y me fascinó la mitología japonesa. Es incorporar oriente desde otro punto de vista. O comprender la idiosincrasia del esquimal, por ejemplo. Todos aportan algo.
- Llama la atención tu interés por lo esquimal. Algo tan lejano, y tan absolutamente extraño a nosotros.
- Justamente por eso. En realidad, todo lo que es inherente a lo humano me cautiva.
- ¿Cómo plasmas tu interés por la mitología en tus obras?
- De manera totalmente libre. Puedo leer un texto y después voy al lienzo, y sale lo que sale. El cuadro te va llevando a él. No quiero poner mi cabeza en el encuentro con la tela. Trato de no ponerla. Que sea algo no planificado. Que aflore el inconsciente y no intervenga la razón.
- ¿Y en qué momento dejás de lado la idea preconcebida, que viene desde lo mental? ¿Te das cuenta cuando hacés ese quiebre?
- No. Es totalmente inconsciente. Y ahí es donde aparece el arte.
- ¿Qué opinión tenés del público rosarino?
- Es ávido. No solo en apoyar yendo a las muestras, sino en descubrir nuevos talentos. Sobre todo en los últimos años. Se nota un cambio, la gente se está acercando más a los museos y a las galerías.
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