Sábado - 18 Mayo 2013
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Jole Ferraro: “Si estoy una semana sin pintar, me altero”

Es profesora y ama la docencia. Crea y expone sus cuadros en la “casa taller” que tiene en Funes. Su interés por las distintas mitologí­as y lo antropológico atraviesa gran parte de su obra. Diálogo con una artista plástica, cálida y talentosa, formada en “la Vigil” de fines de los ”™70.

Cuando le preguntamos por su obra actual, Jole Ferraro nos comenta que está inmersa en una etapa diferente debido a sus propios cambios internos, y que esa transformación incide sobre los cuadros, atravesados ahora por el uso del color y de la mancha. La mancha, dice, tiene que ver con romper estructuras, salirse de ellas y explorar otros campos.

Vivió desde siempre en Rosario, hasta que siete años atrás se fue a Funes, “buscando tranquilidad, paz y naturaleza”. En la casa también armó el taller. Allí­ disfruta dando clases a sus alumnos:

-  Me llevo bien con la docencia. Aprendo de los chicos, que son creativos naturales, espontáneos. Es un feedback. Todos, internamente, tenemos la capacidad de crear. Todos tendrí­amos que tomar un lápiz y animarnos a dibujar. Es terapéutico. Pienso que nacemos con esa condición de expresarnos. Es innato en el hombre.  

-  ¿Cómo es un dí­a tuyo, Jole?

-  Me organizo con mi hijo de seis años y alterno las tareas de madre, docente y artista plástica.

-  ¿Pintás todos los dí­as?

-  Sí­, yo necesito pintar. Si estoy una semana sin hacerlo, me altero. La pintura para mí­, aparte de un modo de vida, es una necesidad. Es algo más fuerte. Es lo que sé hacer, y el mundo del color siempre me atrapó. Me inicié en ese camino y no podrí­a hacer otra cosa.

-  ¿Desde chica?

-  Mi contacto con el arte es desde siempre. A los diez años, mi mamá me mandaba a un taller de pintura en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Ya sabí­a que esa era mi vocación, y al terminar la secundaria tení­a bien en claro  que querí­a seguir Bellas Artes. Por suerte mis padres me apoyaron totalmente y me bancaron la carrera, que es cara.

-  ¿Cuáles maestros te marcaron?

-  Varios. Olga Vitábile, Julián Uzandizaga, Eduardo Seron. Una que me marcó mucho fue Mele Bruniard.

-  ¿Con qué técnicas te llevas mejor?

-  Me llevo bien con el acrí­lico. Pero en realidad, uso todo. Desde pintar con los crayones o témperas de mi hijo, hasta mezclar materiales. No soy prejuiciosa con este tema.

-  ¿A la hora de vender la obra, lo hacés vos o lo has tercerizado en manos de algún marchand?

-  Yo soy mi marchand.

-  ¿Se debe a malas experiencias?

-  No, para nada. No es fácil vender la obra de uno, pero tengo una veta comercial que viene de mi familia.

-  ¿Por qué no es fácil?

-  No es mercaderí­a. Es una obra única. Y lo que vendés es parte tuya. Es un hijo”¦ Tiene tu alma. A veces cuesta desprenderse. Pero bueno, aprendo todos los dí­as”¦ Ahora también estoy en un local de diseño de muebles contemporáneos, sobre calle Santa Fe. Ahí­ se pueden ver varios cuadros”¦ Fui criticada por esto de comercializar mi obra.

-  ¿Criticada por quién?

-  Desde los prejuicios. Ojo que también en el campo del arte hay mucha envidia. Si a uno le va bien, entonces dicen que la obra “es comercial”.

-  Bueno, eso pasa en la literatura, también”¦

-  Así­ es. Pero tengo muchos admiradores, gente que me sigue, tengo obra vendida en el extranjero. Siempre yo sola, tocando puertas y mostrando mis carpetas.

Los prejuiciosos que desdeñan el circuito comercial, seguramente aplaudan el recorrido tradicional que también ha realizado esta creativa rosarina: a lo largo de su carrera, participó en muestras individuales y colectivas. Su obra se expuso en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, en el Castagnino y en el Museo Julio Marc. Ha montado exposiciones en localidades tan disí­miles como Funes – donde reside actualmente – San Antonio de Areco, Villa Constitución y Punta del Este. Sus cuadros son requeridos por coleccionistas particulares del paí­s y también de Estados Unidos, Italia y Uruguay. Si no hubiera nacido artista, asegura Jole, serí­a antropóloga. Le apasiona lo mitológico, se ha especializado sobre el tema durante muchos años, y gran parte de su obra se nutre de sus numerosas lecturas.

-  ¿Cuál mitologí­a te atrapa más?

-  Los griegos me encantan, y me fascinó la mitologí­a japonesa. Es incorporar oriente desde otro punto de vista. O comprender la idiosincrasia del esquimal, por ejemplo. Todos aportan algo.

-  Llama la atención tu interés por lo esquimal. Algo tan lejano, y tan absolutamente extraño a nosotros.

-  Justamente por eso. En realidad, todo lo que es inherente a lo humano me cautiva.

-  ¿Cómo plasmas tu interés por la mitologí­a en tus obras?

-  De manera totalmente libre. Puedo leer un texto y después voy al lienzo, y sale lo que sale. El cuadro te va llevando a él. No quiero poner mi cabeza en el encuentro con la tela. Trato de no ponerla. Que sea algo no planificado. Que aflore el inconsciente y no intervenga la razón.

-  ¿Y en qué momento dejás de lado la idea preconcebida, que viene desde lo mental? ¿Te das cuenta cuando hacés ese quiebre?

-  No. Es totalmente inconsciente. Y ahí­ es donde aparece el arte.

-  ¿Qué opinión tenés del público rosarino?

-  Es ávido. No solo en apoyar yendo a las muestras, sino en descubrir nuevos talentos. Sobre todo en los últimos años. Se nota un cambio, la gente se está acercando más a los museos y a las galerí­as.

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