
Es empresario teatral y un apasionado por la defensa del Medio Ambiente. Con estas dos inquietudes, instaló en Rosario propuestas innovadoras en lo artístico y en lo ecológico.
A mediados del 2010, Juan Leguizamón inauguró junto a sus socios El Club Imperial, trayendo a Rosario un concepto diferente que garantizaba la cercanía del espectador con el artista. Justamente, cuando decidió apostar a la producción teatral en Rosario, lo hizo atraído por esa idea de generar espectáculos íntimos y de calidad, “para que el público rosarino apreciara a su artista favorito, no ya en shows masivos sino en algo mucho más chico”. Su ex mujer, la actriz Emilia Mazer, dirigió allí mismo un espacio destinado a la formación y entrenamiento de actores. El lugar, que tiene una sala de conciertos para que disfruten selectas 220 personas, fue planteado como un “oasis de cultura, guarida de músicos y refugio de noctámbulos”.
- A dos años de la apertura, ¿cuál es el balance?
- Quizás no nos fue como esperábamos, pero nos dimos el gusto de generar algo lindo y de haber hecho ochenta shows, entre música y teatro. Hay distintas propuestas en Rosario que trabajan en lo mismo que nosotros ofrecemos: un acercamiento más íntimo con el artista. Club Imperial brinda, además, la posibilidad de escuchar al músico tomando una copa, cómodamente sentado.
-¿Con cuáles problemáticas se encontraron?
- Más que nada, el hecho de acomodar el precio de la entrada con los altos costos que significa traer un artista a la ciudad. No solo por el caché que cobra, el viaje y el alojamiento de sus músicos, sino por lo que representa poner en funcionamiento toda la producción.
-¿Por qué creés que en Buenos Aires sí funciona un espectáculo con estas características, y acá muchas veces se protesta por el precio de la entrada?
- Eso es lo que hay que pulir. Pero es una cuestión de tiempos. Nos hemos encontrado con cuestiones concretas: al traer un artista desde Buenos Aires se gasta otra cantidad de dinero. Entonces, cuando pones una entrada que rompe lo que el mercado asimila, es difícil lograr una nueva conducta. Al espectador hay que direccionarlo, guiarlo. Creo que también tiene que ver con promover políticas. Porque el cambio no se hará solamente desde el punto de vista de lo privado. También desde lo público se debe apoyar este tipo de iniciativas. Pero también es cierto que – si bien son distintos formatos – tenemos la competencia de poder ver a un artista de manera gratuita.
-¿Cuáles fueron los shows que más te gustaron?
- Recuerdo el de Jaime Roos, el de Gillespi. Liliana Herrero. También tuvimos muy buenas propuestas con artistas locales: Ciro Fogliatta, por ejemplo. Y un show íntimo de BullDog, un acústico muy bueno que después se replicó en La Trastienda. Tenerlos, a todos, fue un gusto.
Hoy, Juan ha tercerizado la gestión de El Club Imperial para abocarse a otro proyecto que lo apasiona. Abogado, y dedicado también desde hace años al tema de las energías renovables y la protección del Medio Ambiente, en la actualidad dirige un programa de reciclado de aceites vegetales usados, para su posterior transformación en Biodiesel. Se trata de PROGRECO, el primer proyecto de este tipo en la provincia de Santa Fe.
- Ya hace 3 años que lo estamos llevando a cabo, con muy buenos resultados. Concretamente, tomamos el aceite usado de los distintos lugares gastronómicos, con un sistema de recolección muy, pero muy artesanal. Vamos lugar por lugar y eso lleva un tiempo. Lo estamos haciendo en tres municipios de la provincia: Rosario, Rafaela y San Lorenzo. Estamos poniendo en marcha dos centros de acopio: allí acondicionamos el aceite que retiramos de las cocinas de bares, restaurantes, hoteles y rotiserías.
-¿Conseguís una buena respuesta?
- ¡Sí! Porque brindamos un servicio gratuito de retiro de este aceite. Y a la vez, solucionamos una problemática: muchas veces este aceite se vierte en las cañerías, o se recolecta para ser filtrado, en el mercado informal, y vuelve a usarse para consumo humano. Eso es altamente contaminante para la salud. O sea, la iniciativa contempla la protección al Medio Ambiente, pero también al cuidado de la salud. Además, le damos un valor agregado, transformando ese aceite en energía verde. Es un trabajo que ha sido de hormiga, todo este tiempo, pero que ya estamos implementando con mucho éxito.
- Contamos en qué consiste el proceso.
- Los biocombustibles forman parte de las energías renovables, más amigables con el Medio Ambiente. Transformar un residuo, en este caso un aceite usado, en Bioenergía, es darle un valor agregado. Para eso se requiere de una logística que no es fácil. Ese aceite lo tomás de una cocina que tiene muchas impurezas, producto de la elaboración de alimentos, muchas veces viene con agua, así que hay que hacer todo un tratamiento.
-¿Cómo arman esa logística para retirar el aceite?
- En Rosario estamos haciendo un mapa de todos los lugares gastronómicos habilitados, que no son pocos. Los estamos encuestando para saber que están haciendo con ese aceite. PROGRECO – el programa que hacemos con la Fundación de Investigaciones Energéticas y Medioambientales – hace un relevamiento inicial, se van adhiriendo los lugares y se les entrega un bidón. Luego pasamos a recolectar. También, con la fundación, capacitamos a través de jornadas sobre qué aceite se debe usar y cada cuánto se lo debe cambiar. Porque a veces pasan 6 meses y no lo cambian. Trabajamos en la concientización de que debe ser reemplazado por lo menos cada 15 días, como mínimo.
-¿Reciben apoyo estatal?
- Sí, lo estamos logrando en estos tres municipios que mencioné antes. Y ya toda la región se está sumando, con la posibilidad de allanarnos el camino en cuanto al marco normativo: con ordenanzas que permitan la recolección, y formalizando los distintos recolectores. El municipio colabora con la información. También tenemos apoyo del sector privado: empresas con responsabilidad social que ayudan con fondos. Pero lo bueno que tiene este programa es que es autosustentable. Desde el sistema de recolección hasta la disposición final del aceite, que tiene que estar certificada, hay todo un sistema que se sustenta a sí mismo de acuerdo al valor que se le da al aceite para la producción de Biodiesel. Eso hace que no dependa de cuestiones externas.
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