Juan Martini: "Me tuve que ir, no fue porque quise"

Por Redacción Viarosario

Juan Martini
Escritor consagrado. Su obra es insoslayable dentro de la literatura argentina. Amigo de personajes entrañables como Julio Cortázar, Osvaldo Soriano y el Negro Fontanarrosa. Ganó la Beca de la Fundación Guggenheim y muchos otros premios. Dirigió Alfaguara durante ocho años. En su última novela, Cine, publicada en tres partes, cuenta la historia de un director de cine al que le proponen hacer una pelí­cula sobre Eva Perón.

Juan vive frente al Botánico, zona palermitana repleta de bares que él tanto frecuenta. Tiene su preferido donde desayuna todas las mañanas, allí­ lee el diario y luego se va caminando hasta el Rosedal. Después vuelve a su departamento a completar la rutina matinal escribiendo hasta el mediodí­a: “Y eso ya me tiene que alcanzar. Si estoy muy embalado, o si estoy terminando una novela, lo más probable es que escriba todo el dí­a. Pero con tres o cuatro horas a la mañana está bien”. En uno de esos bares quedamos en encontrarnos. El trato familiar con la moza y sus gestos de anfitrión nos llevó a hablar de porqué los elige:

-    Me gustan los bares. Me gusta afincarme, y que me conozcan, y que me traigan el café como yo lo tomo. En Rosario, mis bares fueron Odeón y El Cairo. Después el Negro (Fontanarrosa) convoca al Cairo, pero empezamos en Odeón.

En otro de ellos, la soñada librerí­a-casa-bar Eterna Cadencia, dirige talleres de escritura narrativa:

-    Antes no creí­a casi nada en los talleres. Pero aprendí­ que hay algo que se puede transmitir, sobre todo si uno ha pensado todo aquello que interviene en la escritura: qué la facilita, qué la traba. Se puede trabajar con la escritura del otro, en consecuencia. También, al principio me gustaban más los talleres individuales y a los grupales no los entendí­a. Bueno, hoy tengo nada más que talleres grupales. Cuando dejé de trabajar en las editoriales, empecé con ellos, y llevo doce años haciéndolos.

Otro lugar que mencionará es el bar Augustus: su memoria lo asocia a la época en que tení­a una librerí­a, Signos, que quedaba en Córdoba y Corrientes, frente a la Bolsa de Comercio de Rosario. Esto fue a mediados de la década del setenta, antes de su exilio. Juan ofrecí­a textos de literatura y psicoanálisis a una clientela compuesta básicamente por gente de la facultad de Filosofí­a y Letras:

-    Cuando nos amenazaban – nos llamaban por teléfono a la librerí­a para decirnos que tení­amos una bomba, eso pasó mucho – le avisábamos a la gente que í­bamos a cerrar un rato, y nos í­bamos con Hugo Diz a tomar café al Augustus y a esperar que explotara la bomba. Esperábamos una hora, una hora y media, no explotaba, volví­amos. Esa zona la recuerdo. Pero no por la bomba, sino porque me gusta mucho esa esquina, Córdoba y Corrientes, que tiene una arquitectura del carajo: los cuatro edificios que están ahí­ tienen interés histórico. Y en uno de ellos estaba mi librerí­a.

-    ¿Tu partida a España se produce de manera abrupta?

-    De manera rápida. Fue en diciembre del ”˜75, tres meses antes del golpe, en lo que fue el inicio de una campaña de terror muy fuerte. En ese mismo mes, diciembre, gente mucho más conocida que yo habí­a sido amenazada. Parecerí­a ser que, aparte de mi posición polí­tica – si bien nunca estuve en ninguna organización armada, pero era un escritor de izquierda y esto era público – la librerí­a molestaba tanto o igual que yo. Consulté, en aquel momento, con abogados notables de Rosario – no precisamente abogados de izquierda, para decirles “esta es mi situación, ¿qué harí­as vos?”

-    Pero no militabas en ningún partido. Eras un hombre de letras, de la intelectualidad rosarina”¦

-    Sí­, y tení­a una librerí­a. En definitiva, los abogados me dijeron: “Esto es una campaña de terror y probablemente no pase nada”. “Probablemente, ¿qué quiere decir?”, pregunté. “Bueno, si hubiera que escarmentar a alguien, quizás vos...”.  Me hizo mal recibir esa carta, en el sentido de que me dio miedo. Por otro lado, la sede de la triple A estaba ahí­, casi en pleno centro, esto era público, y bueno”¦decidí­ irme. En muy pocos dí­as me fui a España, y así­ me fui de Rosario, y ya no volví­ más. Porque cuando vuelvo, en el ”˜84, es a Buenos Aires.

-    ¿Barcelona fue tu primer destino?

-    Fue mi primer y único destino. Habí­a que elegir muy rápidamente un paí­s para irse. Pensé en el idioma, para poder trabajar, y en que tuviera algún amigo. En Barcelona tení­a dos amigos. Aparte, me habí­an comprado dos libros que se iban a publicar en el Cí­rculo de Lectores de allá, y todaví­a tení­a el cheque del anticipo para cobrar. De modo que llegué con algo para cobrar, y bueno, eso me decidió. Y no me equivoqué. Mis amigos me recibieron muy bien. El primer año fue duro, como todo exilio. Tenés que empezar a laburar, a buscar casa. Me fui con lo puesto, no tení­a un mango salvo ese cheque. Pero conseguí­ trabajo. Y después de un año y medio, ya estaba muy bien.

-    En tu regreso, ¿por qué no volviste a Rosario?

-    Porque viví­a con una mujer que conocí­ allá, y que no querí­a volver a ningún otro lugar que no fuera Buenos Aires. Tuvimos una hija que nació en Barcelona. Y en mi infancia ya habí­a vivido algunos años en Buenos Aires, o sea que no era un lugar totalmente raro para mí­.

Vivió, entonces, hasta los 31 años en Rosario. Antes, ya habí­a sido estudiante de Letras, y entre los 20 y los 24 años hizo una revista literaria, Setecientos Monos, con Nicolás Rosa y Carlos Schork. Juan sabe que hay escritores y lectores rosarinos que lo tienen muy en cuenta, y dará un ejemplo de ello cuando queremos saber si se siente reconocido en su ciudad natal:

-    Ahora, el escritor Osvaldo Aguirre consiguió un acuerdo que permitirá financiar una investigación sobre Setecientos Monos. Publicábamos autores de Rosario y del mundo. El primer artí­culo de Roland Barthes publicado en la Argentina fue en nuestra revista”¦ Yo me tuve que ir, no fue porque quise. Tampoco es un pedido de disculpas, por eso a la respuesta de si Rosario me reconoce o no: estoy seguro que sí­, pero me gustarí­a que me reconocieran un poquito más...

Un año después, a los 25, Juan ya tení­a escrito su primer libro de cuentos. Hoy, mirando hacia atrás, considera que su temprano debut literario, siendo tan joven, acaso responda a causas que le exceden:

-    Mi generación fue precoz. Pensá que Miguel Briante publicó su primer libro – Las hamacas voladoras – a los veinte años, y fue un libro fundamental para nuestra generación, por lo que tuvo de relectura de Arlt y de Borges. Ricardo Piglia y Juan José Saer también publicaron siendo muy jóvenes. En realidad, no sé si fuimos precoces, o era un poquito más fácil publicar. Debe haber sido una combinación de las dos cosas.

En el ”˜73 apareció su primera novela, El agua en los pulmones, la única totalmente ubicada en Rosario. Recién muchos años más tarde, en el 2007, volverí­a a usar esta ciudad de escenario:

-    En el libro Rosario Express hay un largo cuento que es un regreso a Rosario: hay alguien que mira desde un piso alto a unos centros de manzana. Es un personaje que va a despedirse de un amigo, y está dedicado a Fontanarrosa.

-    ¿Fuiste su amigo?

-    Sí­. Desde los 25 años. Tenemos la misma edad. Nos conocimos en Boom, la revista que hizo Ovidio Lagos Rueda cuando recién empezaba. El Negro dibujaba las tapas y empezó a hacer humor en la última página. También estaba Rafael Ielpi, que era secretario de redacción, el fotógrafo Carlos Saldi”¦ í‰ramos un montón de amigos. Ahí­ lo conozco al Negro. Cuando terminábamos de trabajar en la revista, nos í­bamos a comer a un boliche que estaba sobre la calle Santa Fe.

También en Rosario comenzó La vida entera, novela que dejó de lado cuando se tuvo que ir a España. Volver al texto implicó cambios:    

-    No la pude seguir tal como estaba escrita. Era otra novela. O sea, el tema era aproximadamente el mismo, pero cuando un año y medio después quiero retomarla, ya han cambiado un montón de cosas, me doy cuenta de que no voy a poder seguirla tal cual, y que el proyecto necesita ser reformulado. Es una novela que quiero muchí­simo. Tení­a una pretensión de ser “fresco” de una realidad que era la violencia argentina de los ”˜60 y los ”˜70.

“Leer esta novela ha sido para mí­ como soñarla”. Así­ comienza la introducción de La vida entera, a cargo de Julio Cortázar. Sobre su amistad con él, Juan comenta:

-    Me habí­a escrito con Cortázar cuando hací­a la revista literaria. Cuando me fui de Rosario, él fue muy generoso y me ofreció un montón de cosas que no fue necesario aceptar. La cuestión es que nos hicimos amigos. Yo trabajaba en la editorial Bruguera y empezaron a publicar los libros de Julio, todas las novelas de bolsillo. Y cuando se decide la publicación de La vida entera, los editores españoles  piden– en la medida en que yo era un autor desconocido en España, habí­a ganado un premio, pero era desconocido – acompañarla por un prólogo de alguien que respaldara”¦ y bueno, le pedí­ a Julio. Y escribió ese prólogo maravilloso.

-    Una vez terminado un texto, ¿conviví­s mucho tiempo con los personajes?

-    Con Cine trabajé casi cuatro años. Con La Vida entera fueron siete. Las novelas que te llevan tanto tiempo, te quedan dando vueltas, no es fácil sacárselas de la cabeza. El Cerco es una novela que me ha dado mil satisfacciones, la quiero enormemente, fue la última novela que escribí­ en Rosario antes de irme, en el ”˜75, y la hice en 29 dí­as. Pero de un texto así­ uno puede librarse más fácilmente. O sea, al mes ya estás caminando de nuevo con la cabeza despejada. Una novela como La Vida Entera, o como Cine, van a requerir un poco más de tiempo.

-    ¿Qué estás leyendo?

-    Esa es toda una pregunta”¦ Leo a Osvaldo Aguirre y a Gandolfo, de Rosario. Ahora estoy leyendo una novela de John Fante que se llama La hermandad de la uva. Antes, El Mármol, de Aira. Una de las mejores novelas que leí­ el año pasado fue Blanco Nocturno, de Piglia, que me pareció excelente. Ahora voy a leer más, porque me parece que no hay que leer novelas cuando se escribe.

-    ¿Ninguna novela?

-    No argentinas, o no latinoamericanas, según la novela que esté escribiendo. Por ejemplo, con La vida entera, no leí­ novela sudamericana.

-    Es que La Vida Entera es una postal sudamericana”¦

Juan asiente, y cuenta que leyó, unos años después de haberla publicado, El lugar sin lí­mites de José Pepe Donoso: “una novela cortita, extraordinaria, que yo creo que si la hubiera leí­do antes no sé si escribí­a La vida entera, porque de alguna manera, hay climas que son equivalentes. Me vino bien no leerla”.

-    En tu reciente novela, Cine, te apasionaste con la figura de Evita”¦

-    Me apasioné. Sí­, siempre me pasa lo mismo. En La vida entera hay un personaje, que es la Rusita, que de alguna manera, en mi cabeza, era la figura de Eva, también.

-    Qué fascinación que ejerce esa figura entre tantos escritores, ¿no?

-    Es impresionante. Nunca fui peronista, pero cuando me he metido a trabajar con Eva, terminé fascinado”¦ Eva representa para mí­ una cosa muy diferente a Perón, mucho más revolucionaria, y bueno, de eso trata también Cine. Por supuesto leí­ mucho, leí­ todas las biografí­as y sus libros. Creo que La Razón de mi vida fue un libro maltratado, expurgado por Perón. Ella se da cuenta de esto, y al final de su vida escribe su último texto, que es un alegato revolucionario. En definitiva, terminé colonizado por su discurso, creyendo que si Eva hubiera vivido unos cuantos años más, quizás el paí­s hubiera sido otro.

-    ¿Y por qué se llama Cine tu novela?

-    Porque el protagonista, Sí­vori, es un director de cine, al que unos inversores le proponen hacer una pelí­cula, siempre y cuando sea sobre Eva Perón. í‰l primero dice que no, que este paí­s ha vivido demasiado de ella, pero después se le ocurre una idea y empieza a trabajar en un guión, y eso es a lo largo de los tres libros. Son las cosas que le pasan en la vida, y las cosas que le pasan con este guión.

-    Si tuvieras que elegir un libro tuyo, sobre todo para que el público joven te conozca, ¿cuál serí­a?

-    El último: Cine. Los tres libros los publicó Eterna Cadencia, en 2009 salió el primero, en 2010 el segundo, y el tercero, ahora.

Juan Martini en diálogo con Viarosario:

{youtube}aSptpOrdaXc{/youtube}

Foto: http://eternacadencia.files.wordpress.com

 


Temas