Martes - 21 Mayo 2013
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Litto Nebbia: “No hago música pensando en el hit del verano”

 

 

 

 

Es el artista que todos los colegas admiran. Con él nació el rock en el paí­s. Vivió en pensiones rosarinas con sus padres músicos. A ellos les agradece su pasión y su talento. Hoy tiene su propio sello discográfico, y alterna la paz de su hogar en Tigre con largas giras por las provincias.

 

 

Litto Nebbia recibió a ViaRosario en el estudio de su espléndida casa en Tigre. El salón, que tiene un acceso independiente, combina los elementos tí­picos de una sala de ensayos y a la vez de un espacio í­ntimo y lúdico. Alexandra, su bella y agradable mujer, nos saluda y avisa que ella no es rosarina, pero que tuvo una abuela que sí­ lo fue. Nada menos que la gran Libertad Lamarque. Ojalá algún dí­a, coincidimos, la ciudad le rinda el homenaje que esta gran actriz se merece. Mientras tanto, Litto camina apacible entre instrumentos, computadoras y cientos de cd”˜s, y entonces uno intuye que debe extrañar su particular hábitat, este cálido microclima, cada vez que sus extensas presentaciones lo llevan lejos. Su vida es una constante gira, y enumerando los últimos sitios entrerrianos por donde ha estado, cuenta porqué el estar en tránsito permanente es algo natural para él:

-Estoy acostumbrado a eso de andar viajando, trasnochar, comer irregularmente. Lo de las giras es casi desde siempre: lo hací­an mis padres, que eran músicos, y yo comencé a los 8 años a cantar con ellos. De eso viví­amos. Era un trabajo tracción a sangre. Mis viejos eran muy buenos músicos pero no eran famosos. Las actuaciones las hací­amos en pueblecitos por el interior de Santa Fe.

 

-¿Y cuándo componés?

-Si no estoy en las giras, estoy en mi casa tocando el piano todos los dí­as, haciendo arreglitos. Cuando tengo un montón de cosas armadas me voy al estudio de grabación que tenemos, a 20 minutos de acá, donde está Melopea. Es el circuito que tiene este trabajo. Uno compone la canción, después la arregla, imagina como grabarla, graba el disco y finalmente, toca en vivo la música que se hizo antes.

 

-Nombraste Melopea ¿En qué momento y porqué te encontraste con la necesidad de fundar tu propio sello?

-Es una cuestión de considerar que el arte y la música, para poder realizarse, tiene que tener libertad. Alguna gente, alguna vez, malinterpretó o creyó que yo querí­a tener el sello porque querí­a ser el dueño, el propietario. O como decí­an algunos, “va a ser empresario”. No, yo no soy nada de eso. Lo que sucede es que tuve la suerte de empezar muy chico a componer y a grabar y a hacer mis propias cosas. Lo que grabé con Los Gatos, por ejemplo, son discos que llevan vendidos más de 3, 4 millones de copias. Estaban bien hechos.

 

El músico explica que después “empezó a transformarse el asunto”, aunque entendió desde el vamos cómo funcionaba el negocio. í‰l era contratado por compañí­as que cuidaban sus propios intereses, y se encontraba con la obligación de tener que consultarlo todo:

-Y yo soy una clase de artista muy inquieto, no solamente produciendo cosas mí­as nuevas, sino también para producir otros que me gustan, de otros géneros. Me querí­a meter en más cosas, para mí­ es apasionante grabar. Podí­a hacer algunas, pero siempre era bajo una especie de control, con cuentagotas”

 

-¿Tiene que ver con que nunca te encorsetaste? Hací­as rock, después folklore, jazz

-Tiene que ver con eso, pero también con el propósito que tiene cada uno. Todos los propósitos, no es cuestión de discutirlos, son loables. Pero no soy músico para ver si me hago millonario, ni para que todo el mundo conozca mis canciones y baile conmigo. Cuando gusta mucho una música, bárbaro, porque uno necesita eso para vivir espiritual y económicamente. Pero no es mi objetivo. Nunca hice música pensando en eso. Entonces, cuando tratas de grabar tus nuevas canciones en un sello, y el que te atiende es el contable” Y está bien que ese tipo esté, porque es su trabajo y está cuidando los intereses! Pero ese tipo no quiere complicaciones, quiere una música que a los 5 minutos todo el mundo la sepa de memoria, quiere que unas canciones sean más cortas que otras, en fin, una cantidad de detalles estéticos que yo no estaba dispuesto a oí­rlos ni mucho menos a cumplirlos”

 

-Allí­ surgió Melopea, entonces”

-Un dí­a dije, ¿qué tengo que hacer? Tengo que tener un sello. Por supuesto, fui muy consciente de que con un sello independiente – y además con el carácter casi monopólico que hay en nuestro paí­s en muchas cosas – parecí­a que me los tiraba de enemigos. Porque no saben convivir con otras formas de expresión en la industria”¦ Sabí­a que al inaugurar un sello nuevo iba a tener menos divulgación, serí­a más difí­cil que se encontraran mis discos, y por ende iba a tener menos popularidad. Pero no me preocupó, tampoco tengo una necesidad de vanidad tan increí­ble como para tener que ser el número uno cada cinco minutos.

-Sin embargo, Litto, ¿qué sentí­s al saberte una especie mito y leyenda viviente para tanta gente?

-Son cosas que se desprenden del trabajo que uno hace. Especialmente con una trayectoria extensa como la mí­a, hay más mitos”¦ He tratado siempre de no creerme absolutamente nada en forma tan puntual. Por supuesto que me halaga que alguien me reconozca, que me quieran, pero tuve la suerte de que mis viejos eran músicos y fui, entonces, educado de una manera”¿Viste que en el tango dicen “se la creyó”?” Bueno, yo no me la creí­. Porque es bravo eso, ¿sabés? Hay mucha gente que tiene un éxito momentáneo, de un minuto, y se transforma en un tarado. A mí­ siempre me dio risa eso. Generalmente le pasa a gente que no tiene tanto talento. Yo tengo que ser como soy yo, siempre. Y ya pasó mucho tiempo y estoy siempre en mi carácter, en mi forma.

-Los grandes músicos argentinos te referencian permanentemente. Charly dice “No serí­amos nada sin Litto”. MTV eligió La Balsa como la mejor canción de rock argentino”

-Uno sabe lo que hace y lo que hizo. Sí­ creo que es fundamental el punto de partida que he tenido. Antes que “Los gatos”, mi primer grupo, con mis primeras canciones, fue “Los gatos salvajes”. Tení­a 15 años y ya hací­a canciones, cuando no las hací­a nadie. Entonces, ¡soy una especie de Cristóbal Colón! (Risas) La vez pasada, este Fito (Paéz) dijo algo así­, que parezco Cristóbal Colón. Le dije: “¡Pero dejame de joder!” (Risas) Estoy haciendo música, tocando ¡y basta! Agradezco cuando dicen algo, pero todo eso de lo legendario es una exageración. Son destinos, son cosas.

De su infancia vivida en pensiones de Rosario, recuerda que hizo el primer grado en un colegio de curas. Lo cursó de manera tan brillante, que le avisaron que no pasarí­a a primero superior, sino directamente a segundo grado. “Pero mis viejos no tení­an guita y no les alcanzaba para la inscripción”, detalla. No pudo acceder a ese adelanto q le ofrecí­an y se fue a otra escuela. Años más tarde, sexto grado lo hizo libre porque su mamá se enfermó y tuvo que cuidarla. El primer año de la secundaria lo cursó en el Liceo Avellaneda: “Le decí­an la Legión Extranjera porque allí­ iban la mayorí­a de los echados de otros lados. A mí­ me echaban por los lí­os que armaba por tocar música, pero me iba bien con las materias”. Para esa época viví­an en una pensión que hoy ya no existe, cuya dirección Litto ha memorizado– Laprida 1230 – enfrente del Teatro El Cí­rculo. Siguió solamente hasta la mitad del segundo año: “Un dí­a le comenté a mi vieja para qué diablos estaba estudiando. Y a mi vieja, que era un marciano también, mi planteo le pareció razonable y me contestó que era cierto, que me metiera más de lleno con la música. Y me puse con la viola, el violí­n, etc.”

 

-Tu madre supo escucharte.

- Ahora que pasó el tiempo, sé que eso fue un privilegio. Tuve la suerte de poder empezar muy joven y entender las cosas por mamarlas de mis padres. Ellos me transmitieron una vocación. Hoy se están usando los concursos para motivar a las nuevas generaciones. A mí­ no se me hubiera ocurrido, ¡en la vida!, ir a un concurso. El que quiera ir a un concurso, que se divierta, pero voy a esto: no se puede confiar en que la vas a “pegar” en la carrera porque saliste de un certamen.

Viniste para Buenos Aires siendo muy joven”¦

- A los dieciséis. Estuve un año y pico, de aquí­ para allá, tocando como músico de relleno donde pudiera, para poder comer. Hasta que me empezó a ir bien con Los Gatos, a ganar guita. Le compré un departamento a mis padres y se vinieron.

-¿En la actualidad volvés a Rosario?

-Vuelvo a tocar, exclusivamente. Tengo nada más que una tí­a y unos primos. Pero no he tenido contacto con ellos porque mis viejos, como eran prácticamente dos marcianos, estuvieron peleados con sus familias. Por lo tanto, yo era una especie de oveja negra desheredado. í‰ramos los tres locos que nos dedicábamos al arte, que en esa época era mal visto. Nunca me relacioné con la familia.

-¿Por qué elegiste Tigre para vivir?

- Como todos los que llegamos desde el interior, primero es el centro. Después nos vamos a Palermo, después a Belgrano. Así­, hace seis años, llegamos acá con mi mujer queriendo estar en un lugar donde no escuchar un ruido. Estamos a una cuadra del rí­o. Y cuando tengo que ir a grabar a Melopea, no es lejos, está a 20 minutos por autopista En mi casa hay quince árboles. Hay mucho oxí­geno. Tigre es muy pueblito, los vecinos son super humildes, conocemos a todos y no te jode nadie. Fue un descubrimiento. Está muy cuidado, tan cuidado que se ha puesto de moda. Los fines de semana, menos mal que me voy a tocar afuera, porque es una romerí­a de extranjeros visitando el lugar.

-¿Cómo son tus giras por las provincias?

-La gente en el interior es bárbara. Tienen otro tempo, otra educación. Es distinto a Buenos Aires. La gente de acá está medio loca. Yo tengo esta cosa que tienen los músicos, que tenemos algunos músicos: soy muy esponja, ¿sabés? Cuando me tuve que ir al exilio en México, donde viví­ tres años y medio, a los dos meses – si bien nunca perdí­ mi argentinidad y mi cosa rosarina – parecí­a que estaba hací­a cinco años. Enseguida me gustan las comidas, aprendo datos del lugar, su historia, cómo se habla el lunfardo. La Argentina es una suerte de “cosa regional” tan distinta, de inmigración tan grande” Los argentinos no conocemos toda la Argentina. En Santiago del Estero, donde tengo pila de amigos, tocan una música extraordinaria que no se conoce ni se pasa jamás por Buenos Aires. No tiene nada que ver con el folklore que te venden. Es una música mucho más auténtica. En Tucumán hay muy buenas bandas de músicos jóvenes. En Córdoba es la cumbia y la Mona Jiménez, pero también hay – y he tocado – con músicos clásicos muy buenos. Pero para saber de esto tenés que recorrer las provincias.

-¿Detectas talentos en tus viajes por el interior para sumarlos a Melopea?

-Sí­. Siempre produje, dentro de las posibilidades que tenemos. Este sello, que ya tiene 22 años, es pequeño, humilde, muy artesanal. Pero justamente por ser así­, es una especie de casa de arte. No hacemos nada pensando en que puede llegar a ser el hit del verano ¡Para eso está la otra gente! Nosotros hacemos lo que nos gusta. Aunque a veces, hacer lo que nos gusta, signifique perder unos pesos.

 


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