Sábado - 25 Mayo 2013
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Miguel Bosco: “Tenemos que volver a captar al público rosarino”

 

 

Es actor, docente y director. Ha obtenido becas para investigar sobre circo y teatro. Los rosarinos podemos verlo en el  unipersonal “W! Noche de Edipo”, en Madma Espacio, bajo la dirección de Esteban Goicoechea. 

 

 

 Miguel Bosco tiene 35 años y su presente es un constante ir y venir entre Rosario y Buenos Aires ya que, tras 6 años profundizando su formación actoral  junto al director y profesor Alejandro Catalán, hace un tiempo se incorporó a su equipo de trabajo. Miguel lo cuenta:

 

— Hacía con él una clínica para actores con experiencia, hasta que me dijo que no tomara más clases, que ya estaba. Luego me llamó para un reemplazo de una obra suya. Así empecé a trabajar en Buenos Aires. Me gusta mucho viajar allá. Mucho.

 

— A futuro, ¿en cuál ciudad te ves viviendo?

 

— Me gustaría quedarme en Rosario, el tema es que me gusta mucho el cine y acá hay poco trabajo. 

 

 Bosco formó parte del elenco de “A cada lado”, el film de Hugo Grosso que narraba cinco historias entrecruzadas mientras transcurría la construcción del puente Rosario-Victoria. Allí tuvo de compañeros a dos notables actores rosarinos: Miguel Franchi y Luis Machín. También ha participado de películas bajo las órdenes de los directores Claudio Perrin,  Gustavo Postiglione y Héctor “el Nene” Molina.  

 

 En la actualidad se desempeña como docente de actuación en la Escuela de Artes Urbanas, que depende de la Municipalidad de Rosario, dictando clases de circo y haciendo una investigación sobre el escritor argentino Copi, cuyo verdadero nombre es Raúl Damonte Botana:

 

— Poca gente conoce a Copi, y es un escritor notable…

 

— Sí, recién ahora se está editando de nuevo. Es muy conocido en Francia, es como un ícono. A mí me gusta mucho.

 

 Bosco ganó una beca en el Instituto Nacional de Teatro que lo habilitó a realizar una investigación en circo. Esta actividad la realiza hoy en Buenos Aires, junto a Gerardo Hochman, el director de la compañía “La Arena”.

 

— ¿La conclusión del trabajo incluye alguna representación al público, o nada más que un trabajo de investigación interna?

 

— Son las dos cosas. Desde la escuela me pidieron que dirija a los egresados. Y vi que había una gran falencia, no sólo en mí sino en Rosario, en cuanto a la dirección de circo. En el sentido de que pueda haber una narrativa un poco más extensa en el espectáculo de circo. Entonces le escribí a Gerardo Hochman planteándole esto, él se interesó muchísimo, y empezamos la investigación.

 

 Recientemente re-estrenó un espectáculo infantil, “Soplador de estrellas”, que se presentó durante las vacaciones de invierno en la sala de Empleados de Comercio. Antes ya lo había dirigido, pero en España.

 

— ¿Cómo lograste montar la obra allá?

 

— Me gané una beca para ir a dar clases. Estando allí, lo que hice, fue armar una coproducción con la obra.

 

— Te llevás bien con la cuestión de acceder a las becas ¡Requieren de muchos trámites que no cualquiera hace!

 

— Sí, empecé a presentarme a becas cuando no tenía posibilidades de nada, entonces tengo mucha cancha con eso… 

 

 Miguel cuenta con años de experiencia, que legitiman su voz como autorizada para hablar de la realidad teatral rosarina, y describe cómo el teatro independiente local se maneja siempre en salas chicas, con un promedio de público de cuarenta personas por función, conformado por los propios actores, los directores, la familia:

 

Antes el público universitario iba mucho al teatro, y en un momento desapareció, se cortó. El cine independiente, sin embargo, tiene un público muy fuerte. Habría que ver cómo volver a captar ese público en teatro. El tema es cómo se piensa el público acá. El problema, desde hace años, es cómo pensar un nuevo público, que no seamos nosotros mismos, la gente que está en teatro. Formo parte de “Teatro en Rosario”, la asociación que piensa estas problemáticas. Solamente en Buenos Aires se da el fenómeno de las obras de lunes a lunes, en cualquier hora y en cualquier momento

 

— ¿Podés vivir de tu actividad artística?

 

— No. En realidad vivo de la docencia. Pero hay artistas que lo pueden hacer, sobre todo la gente que hace “under” y se presenta en bares.

 

— Por último, ¿de dónde considerás que viene tu vocación?

 

— Mi papá tenía un bodegón donde se hacía folklore, tango, había gente que recitaba, y me parece que eso influyó. A mí y a mi familia también nos gustaba mucho la televisión. Las películas de Olmedo y todo el cine nacional. Éramos muy televisivos.

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