Jueves - 20 Junio 2013
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Reynaldo Sietecase: "Me gustarí­a escribir cada vez mejor"


Poeta y periodista. Publicó seis libros de poesí­a, dos novelas y un libro de cuentos. Hizo su carrera en Rosario hasta que Lanata lo convocó para integrar su equipo. Hoy se juega por Vorterix, la radio nueva de Mario Pergolini, mientras sigue cumpliendo su sueño de consagrarse como escritor.

Reynaldo asegura que está en plena época de cambios. Uno de ellos fue cortarse el pelo y afeitarse. Otro implicó una mudanza. Tras varios años en San Telmo, se trasladó a la frontera entre Once y el Abasto. En lo que respecta a trabajo, terminó un ciclo de seis años en radio Del Plata, para sumarse a un nuevo proyecto que le modificó los hábitos: ávido de los atractivos culturales que la ciudad ofrece, pasó de trasnochar asiduamente y “curtir la maravillosa noche de Buenos Aires”, a afrontar contundentes madrugones para conducir la primera mañana de Vorterix, la flamante radio de Mario Pergolini.

Hoy  se despierta a las 4 de la mañana y una hora más tarde está en la radio, leyendo los diarios y estableciendo la agenda de Guetap, el programa diario que conduce de 6 a 9.

 

Para charlar de esta nueva etapa, de sus recuerdos de Rosario y de su pasión por la poesí­a, recibió a ViaRosario en su departamento antiguo, repleto de libros y decorado con un gusto impecable.

Sietecase cuenta que respeta a Mario Pergolini por cómo se jugó por entero al proyecto. Radio Vorterix es un quiebre, afirma. Por eso – y porque le gusta arriesgar – aceptó “el sacrificio que implica madrugar y el sacrificio mayor de resignar la noche”. Compara ese momento, casi fundacional, con la convocatoria que le hizo Jorge Lanata muchos años atrás y que lo llevó a mudarse de Rosario a Buenos Aires.

-          Es un momento parecido. Cuando Lanata me llamó, era para hacer otro tipo de periodismo en gráfica. Y Mario está planteando hacer otro tipo de radio, que va a tener imagen, una plataforma digital, mucha música en vivo. Me convocó para hacer un periodí­stico fuerte, puro, duro, y es fascinante esa propuesta, porque la FM ha perdido eso. Y en AM hacen los mismos programas que hací­an hace 10, 20 años. Nuestro desafí­o es innovar en el formato, utilizar los elementos tecnológicos.

Este rosarino que un buen dí­a decidió no manejar en Buenos Aires, se sabe primero escritor y recién después, periodista. Publicó libros de poesí­a, novelas policiales y cuentos. El año pasado se editaron dos antologí­as suyas. Una con los poemas de los últimos veinte años, y otra con una selección de sus artí­culos periodí­sticos.

-          Yo era un pibito de quince años que escribí­a poesí­a. Ni soñaba con ser periodista. Trabajé en una imprenta, en una metalúrgica, en un banco.

-          Te animaste a la poesí­a, que es palabra mayor”¦

-          Sí­. Soy poeta, antes que nada. Es lo único que sé que no podrí­a dejar de hacer. Sé que puedo dejar de escribir narrativa. Eventualmente, si no tuviera trabajo en periodismo, podrí­a trabajar de otra cosa. Pero la poesí­a está conmigo todo el tiempo. Aunque no escriba. Pienso poéticamente. Ojalá viva poéticamente, quién sabe”¦

-          ¿Lees poesí­a?

-          Soy un buen lector. La poesí­a hace bien cuando uno aprende a disfrutarla, cuando uno le pierde el miedo.

-          ¿Y a quién leí­as de chico?

-          ¡Uy!, leí­a todo lo que llegaba a mis manos. Tení­a una buena biblioteca familiar. Eso no determina que los habitantes de la casa lean, pero que estén los libros ahí­, cerca, hace más viable esa posibilidad. Las primeras lecturas fueron las novelas de aventuras, que me siguen gustando. Creo que Sandokan fue el libro que más me impactó. La tormenta con la que abre ese libro todaví­a me estremece. También he leí­do mucho policial. Es un género que me fascina y tiene una cercaní­a con el periodismo muy fuerte.

-          ¿Cómo son tus tiempos de escritura?

-          Para mí­ la literatura es muy placentera. Nunca me impongo tiempos ni firmo contratos de publicación. Cada vez que tengo un libro, lo llevo. Hasta ahora  vengo publicando en Alfaguara, una editorial que no me apura y además me trata muy bien.

 

Reynaldo estudió con los curas del Lasalle, sin que eso haya afectado demasiado su fe: “Siempre digo que, más que creyente, soy un dudante”. Reivindica al colegio, eso sí­,  porque lo ligó mucho al deporte y por los buenos amigos que mantiene desde entonces. Cuando terminó, tras un breve paso por Ciencias Económicas, estudió periodismo. Tení­a 25 años cuando ganó una beca de Clarí­n que lo llevó seis meses a trabajar en Buenos Aires, y que significó para él un antes y un después:

-           Siempre habí­a estado en revistas literarias pero nunca habí­a hecho periodismo. La beca de Clarí­n me cambió la vida. El primer dí­a que estuve en la redacción tomé conciencia de que habí­a gente que vení­a a trabajar, escribí­a la nota, y se iba a la casa. Me dije ¡esto es lo mí­o! Te puedo asegurar que nací­ periodista ese dí­a.

-          Terminaste la beca y regresaste a Rosario, adonde hiciste tu carrera.

-          Trabajé en Los Mejores, de LT8, que fue mi cuna en radio. Dirigí­a David Feldman, un tipo entrañable, un gran personaje de los medios. Después conocí­ a (Jorge) Lanata, hicimos Rosario 12. Estuve en casi todos los medios rosarinos. Canal 5, LT2. Escribí­ la contratapa de La Capital. Y en el año ”™98 Lanata me llamó para escribir en revista Veintiuno. Y ya me quedé en Buenos Aires.

-          ¿Te costaron esos primeros tiempos de adaptación en Buenos Aires?

-          Sí­, horrores. No fue sencillo. Además, ¡tení­a un susto!, Lanata me trajo para editar, no para escribir una notita. De pronto tení­a que lidiar con Tenembaum, con Zlotogwiazda, con Caparrós. Llegaba a las 12 del mediodí­a a la revista y me iba a las 3, 4 de la mañana. Era demencial. Los primeros meses me enfermaba...

-          Cuando pensás en Rosario, ¿cuáles imágenes te vienen?

-          La primera, mis hijos. El mandarino que está en el fondo de mi casa, que quiero mucho y que abrazo. Mis amigos, los bares, la plaza López. Y el rí­o, que es una bendición y su marca. No hay ninguna ciudad parecida a Rosario.

-          ¿Volvés?

-          Sí­, claro, allá tengo mis hijos. Mis amigos saben que me voy los viernes, y me llaman para llevarme. Tengo instalado esto de que vivo en dos ciudades. Que voy y vengo. Hay una frase que se usa en televisión, que tiene mucho contenido erótico también: cuando estás por venir de un corte, el director del piso grita “¡vamos que venimos!”, y cada vez que la escucho pienso, ¡es la historia de mi vida!

-          Una vez al mes asistí­s a la reunión de los rosarinos ¿Se encuentran en un lugar fijo?

-          No, es rotativo. Le decimos “La mesa”. Somos los rosarinos que estamos en los medios. Ahora hace bastante que no nos vemos. La última vez fue en casa, y cocinó Juan Pablo Geretto. Somos una suerte de mafia de los afectos. A veces ayudamos a conseguir laburo, a difundir a alguien”¦ ¡Siempre rosarinos!

-          ¿Por qué crees que hay tantos talentos rosarinos?

-          No lo sé. Tampoco sé si hay tantos. Pero es la visión que tiene todo el mundo. Recuerdo cuando – nada menos que el Negro Fontanarrosa – me presentó un libro. Estaba también el director de entonces de Alfaguara, Fernando Estévez, un uruguayo muy talentoso. Estévez empezó a hablar de los talentos en Rosario. Cuando le tocó hablar al Negro, dijo “le voy a contestar a Estévez porque hay tanta gente talentosa”. Y acto seguido preguntó: “¿Ustedes conocen buenos escritores, buenos pintores, buenos músicos nacidos en Las Vegas? En Rosario hay buenos músicos, pintores y escritores, porque es una ciudad muy aburrida ¡No se puede hacer otra cosa!””¦ Bueno, ahora hay casino, así­ que, quien sabe”¦ (Risas)

-          ¿Qué opinión tenés hoy de Rosario?

-          Ha sido muy beneficiada con el boom de la soja. Somos un puerto cerealero, y ese movimiento económico hace más fácil la gestión de gobierno. El hecho de tener un plan director, anterior al socialismo, y continuarlo, es muy bueno. Como toda gran ciudad, tiene desigualdad y muchos asentamientos irregulares. Hay mucho por hacer. Pero es una ciudad que construye hospitales, que está pensando sus espacios públicos. Eso es alentador. Tiene un mega proyecto, fantástico, como es el Puerto de la Música. Hay un sello editorial, un sello de música. Hay una alta valoración de la cultura. El festival de poesí­a, que es algo minúsculo, lleva 17 años. Cuando puedo, voy.

-          ¿Cuáles sueños te quedan por cumplir?

-          En lo profesional, me gustarí­a escribir cada vez mejor. Seguir avanzando escaloncitos en la cuestión literaria. Hacer una gran novela. Me gusta mucho el periodismo, sobre todo, hacer radio. Pero la libido la tengo puesta en la literatura. Me da placer. Es un sueño bastante modesto, que depende casi enteramente de mí­ y ojalá pueda cumplirlo.

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