Jueves - 20 Junio 2013
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Silvina Garré: "No tengo urgencias con relación a nada"

Silvina Garré: No tengo urgencias con relación a nada

Dueña de una voz única, hasta Caetano Veloso la ha destacado en la dedicatoria de su libro Verdade Tropical. Hoy, sus dí­as de ensayo se alternan con el estudio de una maestrí­a en psicoanálisis. A fin de año presentará, junto a su banda, un disco con temas de autores rosarinos y también incluirá algunas antiguas canciones suyas.

La sala de ensayos queda en el piso alto de una casona de Palermo. Silvina baja a abrir la puerta, toda vestida de negro, el pelo larguí­simo y la sonrisa enorme. Subimos. Del otro lado de la pecera  los músicos tocan y nos tenemos que acomodar entre los aparatos de audio y los micrófonos. Pero la conversación se dispara hacia un territorio que no es musical, precisamente. Silvina sorprende con la noticia de que este año empezó una maestrí­a en Psicoanálisis, y a partir de ahí­ detalla que en los años noventa estudió Psicologí­a, interés surgido a partir de su propio análisis y de intensas lecturas sobre el tema. Con su consolidada trayectoria como cantautora, un dí­a se inscribió en la universidad y comenzó a cursar, entusiasmándose cada vez más, apasionándose con la carrera hasta llegar a graduarse. También en esos años decidió mudarse a Miami:

-    Viví­ allí­ dos años y pico. Me fui en el ”™97. Fue una aventura, una curiosidad de estar en otro paí­s. Tení­a las ganas y las posibilidades para hacerlo, y me dije: “lo voy a aprovechar ahora que puedo”. Fue una época muy creativa, conocí­ muchos músicos, actores de distintas nacionalidades. Hice amistades que conservo. Sabí­a que cuando ya no tuviera más ganas de vivir afuera, me volverí­a. Me fui con esa idea.

-    ¿Y  ahora cuál es tu rutina en Buenos Aires?

-    ¿Mi rutina? ¡Esto! (Señala su estudio de música). Estamos preparando un disco nuevo que empezaremos a grabar en un mes, y que trataremos de editar antes de fin de año. Y también tengo mi tiempo para no hacer nada. Para caminar, leer. Me encanta leer, ir al cine. Siempre trato de mantener un tiempo para”¦ (piensa). No es ocio, pero bueno”¦ Un tiempo para relajarme y salir a pasear y estar con amigos.

-    Esto de tomarse el tiempo para frecuentar amigos es algo propio de Rosario ¿Creés que esa costumbre la conservás desde allí­?

-    No, eso es una caracterí­stica mí­a, y trato siempre de mantenerla. No soy una persona que necesita todo el tiempo llenarse de cosas porque si no siente que pierde el tiempo. No necesito “hacer” siempre. A mí­ me gusta pensar, mirar el techo, caminar, mirar vidrieras. En la medida en que puedo, me hago el tiempo para compartir otras cosas. Yo no tengo urgencias con relación a nada, en general. Las he tenido, cuando era más joven y tení­a que hacer mi carrera, con representantes y agencias, giras muy largas, y determinadas cosas que por ahí­ no me agradaban. Pero era una forma de empezar a ver cómo uno querí­a trabajar.

-    ¿Y cuándo paraste?

-    Cuando me fui a Miami. Allí­ compuse muchí­simo, estudié piano, me llevé todos mis libros. Y me di cuenta de que habí­a otra forma de trabajo –  en lo que hace a mi personalidad –  más acorde a mi esencia. Un trabajo más relajado, con grupos más pequeños. Pude idear una manera, la encontré y después la llevé a cabo. Lo cual fue buení­simo, porque podrí­a haberla ideado y no encontrar los socios. Creo que es fundamental el equipo de trabajo. Y me encontré con Diego Clemente, que es el director musical de mi banda. Con él tocamos juntos por primera vez en el año ”™85. Y después, por muchos años no nos vimos. Un dí­a nos encontramos en la calle, y me preguntó si tení­a canciones nuevas, le contesté que sí­, que tení­a un montón, me dijo que tení­a una sala y músicos. “Pasá por la sala”, me ofreció. Y el dí­a que fui ya empezamos a tocar. Y de ahí­ no paramos. Estamos preparando el tercer disco, hicimos una cantidad de conciertos. Y conformamos una cooperativa. Somos solamente los músicos. No hay manager ni representantes, no hay agencia, no hay nada de eso. Somos los que somos, y entre nosotros organizamos todo.

-    ¿Cómo será el disco que están armando?

-    Son canciones de autores de Rosario, y también voy a tomar temas de discos anteriores mí­os. Decidí­ incluir dos o tres que para mí­, y para los músicos, son tal vez las canciones más lindas, pero que no han tenido difusión. Habí­an quedado olvidadas, o perdidas. Así­ que ahora las vamos a rescatar.

Silvina vive a una cuadra de la sala de ensayos. Palermo sigue siendo el barrio que elige desde que se mudó a Buenos Aires, a los veinte años, cuando le costó tanto adaptarse:

-    Me encantaba Buenos Aires pero me resultaba un poco ingrata, y por momentos muy grande.

Toda su educación, desde jardí­n de infantes hasta la secundaria, la habí­a hecho en Adoratrices, y su formación artí­stica la tení­a por la tarde: guitarra, flauta pianos, clases de canto. Recién egresada del colegio de monjas, estudió música y empezó también el profesorado de inglés, pero ese mismo año surgió la posibilidad de ir a Buenos Aires con el grupo de Baglietto. Y enseguida les llegó éxito:

-    ¿Qué recordás de esos años?

-    Era increí­ble, muy difí­cil de entender.

-    Pero, si bien eran muy chicos, los agarró bien parados”¦

-    Sí­. Yo sabí­a que formaba parte del grupo de Baglietto. El solista era él. Yo cantaba coros, poní­a mi voz en algunas canciones, pero tení­a muy en claro las jerarquí­as dentro del grupo. Ellos vení­an tocando desde antes, habí­an formado parte de otras bandas. Mi inicio tuvo que ver con Baglietto. Yo no tení­a experiencia en escenarios ni frente al público. Empecé a foguearme ahí­, digamos. Si nos agarró bien parados, fue porque no lo viví­amos como un éxito personal. En ese tiempo de inicio, la figura realmente muy popular fue Baglietto. Nosotros acompañábamos. Nunca pasé de ser una ignota a ser super famosí­sima. íbamos a tocar a los lugares y estaban llenos, y la gente nos pedí­a autógrafos. Pasaba eso. Pero siempre tuve claro que formaba parte de una banda que acompañaba a alguien que habí­a tenido un éxito repentino e impresionante. Por suerte fueron así­ las cosas desde el inicio, porque cuando me abrí­ del grupo para empezar a cantar sola, pasé de lugares con cinco mil personas a un lugar con cincuenta.

-    ¿Y quién cuidaba a quién? Al ser la única mujer, ¿te cuidaban, o  vos hací­as una especie de mamá de ellos?

-    Creo que todos nos cuidamos como pudimos, cada uno a sí­ mismo y entre nosotros. No hací­a de mamá de nadie. í‰ramos muy independientes. Yo tení­a, por supuesto, una relación con Juan, y entre ellos se conocí­an desde hací­a muchos años. Entré en escena a través de mi relación con Baglietto. í‰ramos buenos compañeros de trabajo pero nunca fuimos amigos. Existí­a, sí­, la intimidad de las giras, porque trabajábamos mucho y compartí­amos muchos momentos, pero después no era que estábamos todo el dí­a pegoteados”¦

-    ¿Seguiste viajando frecuentemente a Rosario?

-    Los primeros dos años, sí­. Muy frecuentemente. Tení­a un dí­a y medio, y viajaba. Extrañaba muchí­simo. Mi papá ya estaba viviendo en Buenos Aires, pero mis amigos y el resto de la familia estaba allá. A veces me iba para charlar con ellos, solo una tarde. Después me fui acostumbrando, y ahora ya hace muchos años que estoy acá. Pero los primeros años sí­ fueron muy duros, y de muchí­simo trabajo. Hací­amos, a veces, tres shows por dí­a. Y éramos todos muy jóvenes.

1983, el año en que volvió la democracia, fue trascendental para Silvina. Grabó su primer disco como solista, y Eduardo Mignona la convocó para su ópera prima: “Evita, quien quiere oí­r que oiga”. Cantó las canciones de la pelí­cula y fue la voz de Eva Perón. También en ese año viajó a Washington representando a Argentina en el festival de la OTI, con canciones de Lito Nebbia. Con el tiempo, Lito se transformarí­a en un gran amigo. Hoy sigue comprometida con la música en todas sus instancias:

-    Me gusta todo el proceso: ensayar, grabar, tocar, ir de gira, y hacer conciertos, que es lo más lindo que hay. Me encanta tocar en vivo. Disfruto todo. Cada parte del proceso tiene su encanto y además tengo un muy lindo grupo de trabajo. Muy buenos músicos y muy buena gente. Es un placer trabajar con ellos.

-    Respecto de estos últimos años, ¿hay una decisión tuya de transitarlos alejada de la televisión?

-    He cumplido con algunas cosas que requerí­an ir a programas de televisión a promocionar lo que estaba haciendo. Pero nunca trabajé de personaje. Si hay programas musicales, donde uno puede ir a tocar en vivo, me encanta ir. Así­ como hay algunas cosas que canto y otras que no me interesa cantar, hay algunos programas donde me interesa ir y otros no. Tiene que ver con una estética. Con el tipo de artista que soy. En algunos lugares me siento representada, y en otros no. Y además, pasados ya tantos años de carrera, uno tiene no solo el derecho, sino el lujo, de elegir adonde va y adonde no”¦

-    ¿Estás muy pendiente del cuidado de tu imagen?

-    Me interesa el cuidado en general, incluye el cuidado en imagen. Trato de alimentarme bien, de dormir bien. Cuido mi salud mental, hago análisis. Para mí­ todo eso hace al cuidado de la salud fí­sica y mental.

-    La pregunta iba referida a la exacerbación del cuidado de la imagen que hay hoy en dí­a, que también atañe a los artistas, y  si te pesa esto”¦

-    No. Lo vivo bien. En mi caso, no dependo de mi imagen. Sí­ la cuido porque me expongo públicamente. A lo mejor, si trabajara en mi casa, estarí­a con un jean y en ojotas. No soy una persona que está todo el dí­a maquillada. Me maquillo muy poco. Pero no dependo de eso. A mí­ no se me reconoce por cómo estoy vestida, peinada, sino por lo que canto y por la música que hago, y siempre ha pasado eso por ahí­. Tengo la coqueterí­a femenina y el cuidado de que me gusta verme bien, no solo mostrarme, sino verme bien. Pero no soy una fanática.

-    ¿Cómo ves, lejos de Rosario, su movida cultural? ¿Estás al tanto de los músicos que van surgiendo?

-    Ahora viajo muy poco. Paso cuatro o cinco meses sin ir”¦ Se me hace muy difí­cil, por todas las actividades que tengo. En cuanto a la movida cultural de allá, sé que hay buenos grupos. Por Fabián Gallardo me llega información de bandas. Me gusta una que se llama “Vudú””¦ Rosario tiene una historia musical propia”¦ No sé porqué hay tantos”¦ Es misterioso para mí­. No solo en la música, ha habido personas muy valiosas en otras expresiones artí­sticas: en la danza, en el teatro, en el cine”¦ No tengo una respuesta para eso, pero me encanta formar parte de ese grupo.

-    Y cuando pensás en Rosario, ¿qué imágenes se te vienen a la memoria?

-    Muchí­simas”¦ Rosario es mi infancia y mis amigos, ¡como la canción de Lalo de Los Santos! Mis abuelos, mi casa, las plazas. Me encantaban las plazas, iba a muchas. Siempre vuelvo en verano, me gusta más el calor. En verano, Rosario florece. Ahora iremos para hacer la presentación del disco, pero todo depende cuando salga, a lo mejor estaremos en febrero.

-    Si tuvieras que elegir una canción tuya, ¿cuál serí­a?

-    En Blanco y Negro Buenos Aires”¦Representa mucho para mí­: es una canción de amor a Buenos Aires. Haberla escrito significó que me habí­a sentido, por fin, alojada. Porque yo tardé en sentirme alojada  y protegida en Buenos Aires, en sentir que esta ciudad era mi hogar. La escribí­ cuando, estando de viaje,  en vez de extrañar Rosario extrañé por primera vez a Buenos Aires. Ahí­ me di cuenta de que nos uní­a un lazo amoroso, y para mí­ fue muy importante porque ya habí­a tomado la decisión de quedarme a vivir acá. La ciudad empezó a ser más amable conmigo, y yo con ella, así­ que le hice una canción.

Viarosario en diálogo con Silvina Garré:

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