Viernes - 24 Mayo 2013
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Valeria Schapira: “Soy una mujer inclasificable”

 

Periodista y escritora. Le encanta provocar posando desnuda en fotos. Este año fue elegida por la famosa revista española Interviú para una producción super hot. Charla íntima con una rosarina que, además de un muy buen cuerpo, es dueña de una mente inquieta y lúcida.

 

 

Cuando se mudó a Buenos Aires, Valeria Schapira ya era una periodista consagrada en los medios locales. Recomenzó su carrera cubriendo “espectáculos”, rubro considerado poco serio de acuerdo a las críticas que le llovieron entonces. Ella, consciente de esa suerte de peaje que tendría que pagar, aceptó feliz la propuesta mientras vivía, un año entero, en hoteles porteños. Pero extrañaba mucho y cada viernes emprendía el regreso a Rosario. Recuerda esa época como muy intensa y desgastante, tanto, que confiesa haber adquirido fobia a la autopista. Hoy, definitivamente instalada en Buenos Aires, lleva escritos varios libros en los que despliega su humor bajo una mirada inteligente sobre las relaciones humanas. Su agenda está completa. Conduce “Call Center” en Radio Palermo, que se puede escuchar por Internet: “es un call center donde nos pintamos las uñas y hablamos pavadas. Yo vendría a ser una Luisa Delfino con mi personalidad. Llama la gente, me cuentan sus cosas y les hago la terapia al aire”. Terminó de escribir el guión para una comedia romántica basada en su libro “Quiero estar con alguien”. Además, será la imagen de una cadena de óptica y ya firmó contrato para un nuevo libro que saldrá a fin de año. Con actividades tan diversas, le  preguntamos cómo se define a sí misma:

 

-          Una mujer inclasificable. Pero me gustó más una frase que me mandó una twittera: soy una mujer “out of the box”. No tiene una traducción literal, sería algo que no se ajusta al molde. Odio las etiquetas. En mi tarjeta personal se lee “periodista, traductora de inglés”. Después me dije: “¡Pero si esta mierda no me representa…!” Ya voy a mandar a hacerme unas nuevas. De alma, soy periodista, y escritora. Por elección. Las cosas que estudié y mis títulos, no les interesan a nadie.

 

-          Vayamos a tu comienzo. Los años en la telerosarina fueron una especie de colimba, podríamos decir…

-          Estoy muy agradecida en todo lo que fue mi formación. Empecé muy chica y he hecho coordinación, producción, conducción de noticieros, lo que fuera. Estaba frente a cámaras, servía el café al invitado y hasta usaba mi auto de remise para llevarlo a su casa. Con (Luis) Novaresio hicimos el ciclo “Será Justicia”, en Canal 3. También gané un FundTV con un programa infantil que conduje.

 

-          Todo lo que has hecho muestra lo inquieta que sos.

-          Me cuesta bastante delegar. Por suerte, voy encontrando por el camino afines intelectuales o creativos– directores, fotógrafos, etc – y cuando se da esa química es mortal, porque salen cosas divinas. Si pegaste buena onda con el fotógrafo, por ejemplo, las fotos salen buenísimas.

 

-          Las últimas que hiciste para Interviú, de España, fueron de muy alto voltaje. Cuando hacés estas producciones, ¿te preparás para el revuelo que se puede armar?

-          ¡Lo hago para el revuelo! Me la banco porque, además, aprendí a preservarme no leyendo comentarios de las páginas web, por ejemplo. He hecho fotos desnuda un montón de veces, no porque tenga el gran físico, sino porque me divierte y es lo que sueñan muchas mujeres.

 

-          Una sana actitud…

-          Sí. Así como en el twitter. Una persona que está expuesta despierta de todo. Adhesiones y rechazos. Si el rechazo viene fundamentado, es una crítica constructiva. Pero no me interesa conocer las agresiones gratuitas. Opto por no contestar. No es de negadora: hay cosas que no me contribuyen y no me hacen crecer. Prefiero no leerlas, porque soy sensible y me pegan. Es una manera de protegerme.

 

-          ¿Cómo manejás tu carrera en Buenos Aires?

-          Acá se me encasilló en un rol que no me divierte, que es el de periodista de espectáculos. Sé que fue el peaje que pagué para entrar en los medios de Buenos Aires. Y no reniego de nada. Hay cosas que no repetiría, al menos que fuera una acuciante necesidad económica. Cuando me vine a laburar acá me tuve que bancar la catarata de críticas: “Vos sos una periodista seria”, me decían. Y para mí, seriedad no tiene nada que ver con solemnidad. Yo sigo siendo seria, porque no hablo al pedo de la gente. El humor también es una cosa seria. Me llaman todos los días para ir a un programa de espectáculos. Para opinar de Rial y la Niña Loly, etc. Y a mí  no me interesa la vida de los demás. No me gusta que se metan en la mía, así que le estoy esquivando a eso.

 

-          Se te nota muy a gusto con tu presente laboral…

-          Estoy escribiendo sobre la década de los 40. Estoy cómoda en esta edad. Rechacé un par de ofertas de radio porque no me gustaba lo que me ofrecían. Hace mil años que hago terapia. Aprendí a rodearme de las personas que me hacen bien, y a alejarme de las cosas y las situaciones que me hacen daño. Y también de las cuestiones laborales que no me hagan crecer. Cuando era más chica, entrevistaba a personas en los accidentes de tránsito y volvía llorando a mi casa. Me creía que podía con todo y me dejaba dañar. Hoy estoy más grande, no tengo la misma energía, no tengo las mismas ganas.

 

Valeria vive en las Cañitas hace cinco años. Un barrio que frecuentaba desde antes de mudarse, cuando ya intuía que ése “era su lugar en el mundo”, y era habitué del bar que queda en la esquina de su actual departamento: un lejanísimo piso 30. Por lo visto, le gusta andar por las alturas, allí donde las dimensiones adquieren otra perspectiva:

 

-          Mi casa en el único lugar donde me puedo sentir la dueña del mundo… Hay algo muy simbólico. Salgo al balcón y me pasan dos cosas: por un lado, me siento la dueña y por otro lado soy consciente de ese lugar de mi propia insignificancia. Me encanta. Sé que soy nada. Hoy estoy y mañana quizás no, y me hace vivir la vida más intensamente.

 

-          Esa característica personal te debe llevar a tener muchas actividades, ¿no?

-          Es un exceso de productividad. Estudié dos carreras en simultáneo – Comunicación Social y Traductorado de inglés – y tenía dos laburos. A los veinte años me quise ir a vivir sola con mi sueldo. Imaginate, el sueldo de una redactora junior. Siempre me sentí vieja. Cuando me gané la beca para Inglaterra y ahora, a mis 42 años. Tal vez tiene que ver con mi contacto muy prematuro con la muerte. Laburo en los noticieros desde mis 17, he visto muertos todos los días. Cubrí policiales. Y después, a mis 24 años, en un lapso de seis meses, perdí a mi mamá y a mi papá. Me volví vieja de chica. Me llevo bárbaro con la muerte. Sé que está ahí, a la vuelta de la esquina. No quiero que me venga a buscar, entonces necesito vivir todo, porque mañana, quién sabe…

 

-          ¿Añoras algún lugar de Rosario?

-          No. Sé que es políticamente incorrecto lo que voy a decir: no me sentía libre en Rosario. La ciudad es divina, mis mejores amigos y mi familia están ahí. Pero no me gusta la mirada del otro. Me rompe mucho las pelotas entrar a un bar y que te estén mirando para criticar si tenés el culo más gordo. Cuando me separé de mi marido, iba a comer sola y sentía esa mirada, de “¿qué hace esta mina cenando sola un domingo?”. En la gran ciudad, en lugares más cosmopolitas, eso no se da. En Buenos Aires no soy nadie.

 

-          Por último, ¿algún rosarino que admirés?

-          Lo quería mucho al Negro Fontanarrosa. Un tipo muy talentoso y muy humilde. Tengo pocos ídolos. Sietecase, Rozín, Rubio, son todos tipos talentosos, capaces. La admiración… (Piensa) Qué se yo… Me he vuelto más vieja y admiro menos gente ¡Por ahí, me he vuelto más realista!

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