|
Desde este porche, Meryl Streep veía llegar a Robert Redford.
Así lo mostraba la película, donde Meryl Streep veía llegar a Robert Redford con su ropa vaquera, su media sonrisa y sus aires eternos de donjuan. Las siguientes escenas de la mítica Memorias de África se centraban en compartir vino y charlas acerca de cómo le había ido con los negociantes ingleses a ella. O a él en la ciudad o recorriendo medio país desde su avioneta. Ese lugar sería ahora Kenia, pero en aquella época, principios del siglo XX, era tan sólo una pequeña parte de las colonias británicas en África.
Allí, la escritora Karen Blixen (interpretada por Streep en la cinta) llegaría en 1914 desde su Dinamarca natal para casarse con un primo de tan alta alcurnia como ella y sacar adelante una plantación de café. Las dos tareas fracasaron, pero la vida de Karen, que firmaba con el seudónimo de Isak Dinesen, quedó ligada para siempre a esta tierra de masais y gacelas. La hacienda en la que transcurrió parte de la historia sigue en pie en el acaudalado barrio que hoy lleva su nombre, a las afueras de Nairobi. Rodeada de bosques selváticos, institutos privados, carteles de ropa cara y mansiones valladas, la casa de Karen forma parte de la ruta forzosa que realizan todos los que disfrutaron con la película, basada en su novela autobiográfica.
Ahora, esa granja es una especie de museo viviente que reconstruye sus hazañas a través de desgatadas fotos en sepia muebles victorianos de la época y la biblioteca en la que aparecen ejemplares de su obra traducidos a decenas de lenguas.
Una vez en el gigantesco jardín, a escasos metros de la casa (que también sirvió de recepción para los príncipes de Gales en una de sus visitas a la colonia de África oriental), se vislumbran las viejas máquinas de la fábrica de café. Todo lo dejó allí en 1931, cuando, tras 17 años, regresó desilusionada a Dinamarca para cimentar su carrera como escritora.
El cazador Denys Finch Hatton (o Redford) acababa de fallecer en un accidente de avioneta, la misma con la que recorrían juntos en la película la tierra masai, el lago Nakuru abarrotado de flamencos o la interminable cascada de Thomson, mientras sonaba la banda sonora que después se llevaría un Oscar. Karen decidió vender sus posesiones africanas a un comerciante inglés que, con el tiempo, las cedería al Gobierno danés y éste al keniano, a quien pertenecen ahora, como, probablemente, a ella le hubiera gustado.
Fuente: ocholeguas.com
Aviso Importante: Viarosario ofrece gratuitamente el uso de esta herramienta informática a toda persona que navegue por su página web. Las fotos, opiniones, ex presiones, comentarios, conversaciones y todo lo que allí se exprese o exponga en forma pública o privada, corre por exclusiva cuenta y responsabilidad de sus autores . En consecuencia, Viarosario, no es responsable por nada de lo que allí se exprese o publique, ni por las consecuencias de cualquier índole, que las fotos, expresion es o comentarios de los usuarios puedan provocar a los demás usuarios o a terceros.
 |